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Crónica AMFest 2015

Autor: | @raulburrueco

Miércoles 11

Primera de las 4 noches que este nuevo AMFest 2015 nos ofrece en la sala Sidecar, estrenado con la intensidad con la que Alright The Captain presentaron su recién editado disco Contact Fix, puro math-rock aderezado con distorsiones metálicas. Encabezados por un excepcional guitarrista que desplegó todo tipo de técnicas y estilos, ritmos enrevesados, estructuras casi caóticas que no bajaron la guardia en la fuerza de ejecución, gracias a un potente batería y un bajista apoyado en algunos sintes, excesivo en el uso del whammy y algo confuso en arreglos. Su concierto terminó con todos los integrantes de Mannheim subidos en el escenario creando una masa sónica sustentada en el imponente saxofonista, Otto, capaz de crear un bocanada de graves distorsionados con su saxo barítono que hacía retumbar las paredes. Aunque más allá de esta cualidad, Mannheim no ofrecieron mucho más. Un sonido sustentado en riffs metaleros y ritmos grooves con tímidos detalles de mathrock y pueriles acercamientos al freejazz, pero más dados hacer moverse a un público escaso pero completamente entregado, más aún cuando toda la banda bajó del escenario a finalizar su concierto rodeado por ellos, en un éxtasis comunal.

Jueves 12

El segundo día para el AMFest 2015 trajo un cambio radical de planteamientos y lugar. Nos movemos de Sidecar a la 2 de Apolo, convertida en receptáculo de planteamientos más sosegados y etéreos en el caso de Astralia, el slowcore con tintes de folk británico de Her Name Is Calla y de la épica descomunal de Nordic Giants.

Desechado cualquier atisbo de matemática, el trio Astralia se adentró en parajes más pantanosos y profundos a base de largas reverbs y bajos a blancas. Dejando una perfecta ejecución para un público satisfecho no pudimos obviar como sus canciones se mueven en esos parámetros tan manidos y casi melodramáticos que han hecho del post-rock una etiqueta maldita y absolutamente agotada, precisamente por el abuso de estos recursos. Mejores cuanto más se movieron hacia el ambient.

Her Name is Calla se convirtieron en la grata sensación de la noche. Con 3 discos editados, ésta era su primera visita a la península. La banda inglesa liderada por Tom Morris, a pesar de definirse como una mezcla de post-rock y folk, avanzó más hacia un slowcore oscuro, ritmos densos y opacos a la batería aderezados con violines que transitaban entre la pausa gótica de grupos como Cranes a estallidos distorsionados realmente intensos. Preciosas las voces a duo con la violinista Sophie Green, creando melodías descarnadas apenas sustentadas por un acorde. Estaban cómodos y felices por poder celebrar sus diez años como banda en este festival, con esa mezcla de agradecimiento amateur, a pesar de los años que acumulan. En las antípodas del amateurismo se presentaron Nordic Giants. Pocas veces se puede ver un espectáculo tan rotundo y milimétricamente medido. Una proyección en medio del escenario lideraba el concierto, donde se sucedieron diferentes videos cortometrajes de carácter pseudo-apocalípticos que daban imagen a cada canción del dúo, situados uno a cada lado del escenario. Aparecieron enfundados en traje y máscara de plumas a modo de pájaros mitológicos dispuestos a advertirnos a través de la épica deshumanizada y electrónica del inminente desastre mundial. Un show en el que tu decides si entrar y jugar o disfrutar desde el humor y la distancia. Lo mejor, aparte de las plumas, el espectáculo audiovisual, cada una mostrando un autor y su estilo. En el aspecto musical, como hemos dicho, épica apocalíptica hipercomprimida; trazos de electrónica industrial muy cercanos a los últimos Sigur Rós.

Viernes 13

La tercera jornada trajo un leve aumento de público, aunque bastante lejos de lo que un festival de estas características necesita para subsistir. Comenzaba puntual Muñeco, banda instrumental de space-rock que editó el interesante debut Ocurre para El Genio Equivocado hace ya casi un año. Un sólido concierto anclado en la mezcla de guitarras cargadas de reverb rodeando la psicodelia más espacial. A continuación otro de los grupos de Aloud, El Tercer Semestre, se marcaron otra sesión de math-rock con buenas intenciones pero con cierta falta de gancho, auspiciada aún más por un bajista en continuo deseo de demostrar su técnica que hace flaco favor al resto de la banda.

Desde Londres, una de las bandas revelación del math-rock, Axes, aterrizaron como un huracán en el AMFest 2015 para desgranar su disco de debut Glory (Big Scary Monsters, 2013). Hipermotivados sobre el escenario, no pararon de saltar, gritar y casi correr mientras tocaban punteos y guitarrazos imposibles. Canciones comprimidas en mil partes con continuos cambios de tempo y estructuras, convirtieron la actuación en un derroche de técnica metronímica al servicio de la diversión. Mención especial para una bajista en estado de gracia.

Tras la tormenta llegaron los aires tropicales de Memoria de Peixe. El combo portugués tenía una papeleta complicada tras el gran concierto de Axes. Se notó cierta frialdad por parte del público desde el inicio, ya que comenzaron titubeantes. Sin embargo, la impresionante técnica a la guitarra y batería al servicio de un free jazz alegre de aires brasileños fueron ganando terreno y ovaciones. Temas construidos por mini loops, ritmos imposibles y riffs pegadizos creados a pasos de claquet, como autodefinió Miguel Nicolau su manera de tocar conviertieron al grupo en uno de los imprescindibles del festival.

Siguiendo la estela math-rock de la noche, los manchesterianos Cleft ofrecieron la vertiente más noise y hardcore. También en formato de guitarra y batería, su música nace como una forma de juego entre los dos componentes y así lo demostraban en escenario. Trallazos de 3 minutos que hicieron volar por encima del público al guitarrista de Axes.

El desatino de la noche tomó forma en el trio ruso I Am Waiting For You Last Summer. Una inocente mezcla entre electrónica de tintes dubstep y épica post-rock en clave de playback. Aún son jóvenes.

Sábado 14

Última jornada del AMFest. Esta vez sí, la 2 de Apolo llenó su aforo. Desde Málaga, Kermit se adentraron de lleno en ese territorio donde la etiqueta post-rock recobra su significado. Con leves tintes kraut, recordaron a los Tortoise más guitarreros sin perder de vista el lado más pausado y etéreo; sutilidad y buen gusto, tuvieron su momento más intenso cuando el batería tomo el pequeño saxo para interpretar 1927, tema que cierra su segundo disco.

(Lo:muêso) llegaron para presentar lo que será su nuevo disco, Hoiden Limother Petity Vefucker, tras varios años de parón. Tras varios conciertos en Barcelona y Madrid demostraron que han recuperado la forma con una actuación notable, cargada de intensidad emocional por verse arropados de su público y la confianza del festival. Bandas de este tipo merecen mucho más.

Una de las bandas más esperadas, Viva Belgrado sirvieron unos de los mejores conciertos de este año. Presentando su primer disco, Flores, Carne (Tokyo Júpiter, 2014) mezcla entre screamo y hardcore, cubrieron la sala de potencia distorsionada, gritos rotos y un bajo enorme manteniendo la coherencia del sonido desplegado, vinieron y convencieron.

Nothink volvían tras el anuncio de su separación en 2012. Uno de los estandartes del rock alternativo y post-hardcore nacionales congregó al mayor número de público de toda esta edición. Su concierto estuvo cargado de nostalgia y agradecimientos por parte de la banda hacia el público y el festival. Con una audiencia coreando las canciones y ovacionando los primero acordes de cada tema, no lo tenían difícil para convencer a nadie, más aún con un sonido rozando la perfección.

A los gallegos Guerrera le tocó mantener el tipo tras el momento estelar de Nothink. Lo lograron a base de un sonido demoledor, donde acordes de blues servían de base para un despliegue de psicodelia rock con aires fronterizos, más aún con un cantante en éxtasis lanzándose al público guitarra en mano.

Para cerrar este interesante AMFest 2015, Tiger Menja Zebra desplegaron todo su arsenal instrumental sobre el escenario, con su particular disposición alrededor de un batería que se dejó la vida en cada golpe de baqueta; una intensidad algo innecesaria por momentos. Presentando su segundo disco, SuperEgo, los de Granollers integraron a su rock industrial una gran suma de elementos electrónicos sustentados en una base rítmica cruda y violenta, de repetitivos bajos y melodías gritadas. Una atmósfera opresiva para un final lleno de tensión y rabia.

 

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