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Cosmen Adelaida, Computadora y Betacam, Siroco, Madrid (16-05-2014)

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La Sala Siroco es ya vieja conocida de los madrileños Cosmen Adelaida. Máxima expectación con su flamante nuevo disco lanzado en marzo y máximas ganas de verlo/escucharlo ejecutado en directo. Una sala llena en la noche de presentación de su último álbum, La foto fantasma. Se trata del trabajo que ha catapultado -con razón- a los de nombre de autobusero asturiano a lo más alto en cualquier ranking de indie pop nacional. Noche organizada por La Fonoteca y compartiendo escenario con dos nombres de lujo: Computadora y Betacam. En esta ocasión, y sin que sirva de precedente, me voy a permitir cambiar el orden de los acontecimientos y voy a empezar hablando de los cabezas de cartel por aquello de que, básicamente, arrasaron en la puesta de largo de su último trabajo. No quiero antes dejar de mencionar el asunto técnico que marcó la jornada: fue una noche en la que el sonido no llamó la atención por estar óptimo precisamente, cuestión que los músicos sufrieron más que nadie: hubo algún corte inesperado, e incluso muchos no se oían a sí mismos correctamente, y eso desembocó en fallos muchas veces imperceptibles para la audiencia allí congregada pero que ocasionó cierta insatisfacción de quienes subieron a la palestra.

Cosmen Adelaida: en estado de gloria

Con estilismos ad hoc para salir al escenario por parte de algunos de sus componentes, ahí estaban los Cosmen Adelaida dispuestos a desplegar una a una las canciones de su nuevo y flamante álbum. Tocaron entero La foto fantasma y sólo dos temas de grabaciones anteriores: Si quieres salgo (preciosamente ejecutados todos esos punteos sueltos de forma impecable, concisa) y Supermercado. 

El comienzo del concierto nos fue familiar a los que nos hemos peinado el disco, empezando con El parque y sus deliciosamente resplandecientes guitarras y teclados. Un inicio crudo que introdujo a la sala en la atmósfera de este trabajo lleno de matices que ha parido la banda del catálogo del sello El Genio Equivocado. Psicodelia, kraut, oscuridad,  ochentas… tremenda amalgama de referencias y absoluta plasmación de un estilo propio, personal, del que quedó amplia constancia en vivo. Uno de los momentos más intensos de la noche fue Elisa interpretando Dormancia, dominando la talentosa pelirroja tempo, batería y voz de forma magistral, flanqueada por todos sus compañeros de banda situados en “composición séquito” y bien iluminada por un foco digno de un interrogatorio de cine, o de Twin Peaks. La exquisita puesta en escena de la canción de peculiar atmósfera de cine negro despertó unos vívidos aplausos justo en el corte que precede a la parte final del tema. Fue bella, además, la forma en que engarzaron la parte más oscura del concierto, introduciendo a continuación la envolvente El mismo lugar, para terminar este bloque oscuro con Voces.

Yéndonos a la parte más luminosa de esta banda repleta de registros, sobresalió especialmente el tema Viento de invierno, que Nacho interpretó a nivel vocal en un tono más alto y uniforme que en el disco pero que destacó por su contundente instrumentación pese a ser un tema a priori de carácter delicado. Y luminosidad y medida aceleración transmitió Acampada arqueológica, así como La Fantasmaja trajo coros y esas palmaditas enlatadas que tan yeyé resultan. Familia/Trabajo, abordando una temática recurrente en el universo pop español (por frecuente y especialmente inherente a las relaciones humanas; se centra a nivel temático en una suerte de mix entre Al futuro de Astrud con Te veo más delgado de Rusos Blancos), resulta un claro ejemplo del estilo marca de la casa de los Cosmen: luminosa oscuridad y desenlaces contundentes en las historias que narran. Para cerrar a noche, la ecléctica banda escogió Becerro de oro, tema con el que se despacharon a gusto en lo que a distorsión se refiere y con una firmeza que la que escribe llegó a sentirse por un momento como en la culminación de un concierto de Triángulo de amor bizarro (ergo maravillada).

Un concierto sin un momento bajo es difícil de encontrar: pues ellos lo hicieron. La voz de Javier (cantante y guitarra) estuvo más atinada y mejor que nunca. Elisa (batería) propinaba baquetazos certeros y destilaba salero para salir del algún que otro traspiés. La guitarra de Nacho (voz, guitarra) rugía con obstinación. Todo ello mecido por el potente bajo de la banda (ejecutado por Luis, denominador común de la banda con otras formaciones de la escena madrileña). Además, y como invitado especial en el escenario tras haber colaborado en el disco, Betacam acompañaba minuciosamente con sus siempre brillantes teclados, que lo mismo enfatizan el lado pop de un tema que ahondan en lo kraut en otro. Una banda Cosmen Adelaida que, con sólo un disco y un EP a sus espaldas, puede a día de hoy prescindir de tocar en concierto algunos de los éxitos con los que despuntaron en un principio (A todo color, Equis, Siete Picos), temas, por cierto, que se mantienen hoy en perfectísimo estado de forma. Algo que nos posibilita percibir la solidez de su propuesta, su paso firme y su absoluta e indiscutible consolidación. Por la de veces que he tenido que buscar sinónimos de contundencia durante la escritura de este artículo creo que me quedo con ese término para definir lo que hicieron esa noche y, a un nivel más general, su música y el punto en el que encuentra la banda.

Computadora, los segundos en tocar

La sala repleta se mostraba con ganas de la banda toledana Computadora, responsables de varios EPs y que se encuentran ahora fraguando el que será su primer álbum. Con una trayectoria plagada de éxitos y numerosos conciertos en la capital a sus espaldas en los últimos meses, a esta cita en Siroco aparecieron con artillería seleccionada de entre lo que tienen editado y alguna cosa de lo que todavía no. Sonaron potentes, envolventes y hasta diría épicos (que no intensos). Desde que pusieron un pie en el escenario envolvieron cada rincón de la sala y, aunque ellos hicieron evidente que no habían quedado convencidos con el sonido, la audiencia disfrutó sobremanera. Sí que puede ser que algunos teclados sonaron un poco a verbena, pero lejos de arruinar el conjunto, enriqueció esa atmósfera de furiosas guitarras y depuradas bases en una noche, por qué no decirlo, muy del organillo.

Además del evidente acercamiento a la estética de la música de los Interpol del 2º disco en lo oscuro, en la voz y en las melodías de guitarras, con el directo de Computadora es agradable rememorar a Aviador Dro a través de esos estribillos repetitivos tan 80s, muy aptos para, por ejemplo, formar parte de la banda sonora de El Futuro (el artefacto cinematográfico del año, dirigido por Luis López Carrasco, y que cuenta con una inmejorable selección musical de esos tintes íntegramente de la época). Una colección de texturas opacas y arreglos juguetones la de Computadora que da lugar a un bien cimentado pop, electropop, o como queramos llamarlo. Sonaron Negativo, Siberia, Invierno en la ciudad, Montañas, Nebulosa Horsehead, La edad romántica y Pesadilla en 1986. Esperamos con ganas su primer LP y recomendamos no perderles de vista, ya que merece la pena dejarse llevar por uno de sus directos.

Betacam, o cómo hacer fácil el difícil arte de abrir la noche

Lo de Betacam no es humano. Es un hombre con un teclado, un tremendo ojo para las bases, los ritmos y las melodías, y un mago de las letras. Integrante de varias bandas, músico colaborador en innumerables discos, producciones y proyectos, y con tiempo y talento suficiente para contar con un repleto bandcamp con novedades casi mensuales. Dicho lo cual, ¿cómo le iba a costar a este músico abrir la noche? Pop electrónico, letras costumbristas y en ocasiones cuquis, bases con las que es imposible que no se te mueva el cuerpo solo, arreglillos divertidos y pertinentes, un público entregado, y hits. ¿Que hay que ponerse un poco crooner bajo un sonido de pianito serio hablando de Iker Jiménez? No hay problema. ¿Que hay que hablar del miedo a volar con ritmos pegadizos que se merecerían un bailecito ad hoc tipo Whigfield? Lo mismo. ¿Que El viaje del héroe va muy bien en plan mash up con una melodía de pianito de cantadita de los 90 digna de Sash? Pues se hace, y de paso se hacen las delicias del público capitalino y madrugador. Todo en vivo y en directo, en el día de su cumpleaños (la sala al completo cantándole el Cumpleaños feliz mientras recogía los bártulos no tuvo precio), y sin pestañear. Hay ganas de ir a alguna cita musical en que sea Betacam quien cierre y encabece, pero eso es otro tema ya. Como siempre un placer verle, y si alguien no ha buceado entre sus grabaciones ni ha puesto la oreja con atención a Javier Carrasco en vivo, no puedo más que recomendar que lo haga. Una y mil veces, porque siempre tendrá material nuevo, y calidad a raudales para deleitar sin límites.

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