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Comet Gain + Wild Balbina, Be Cool, Barcelona (11-10-2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

La siguiente propuesta indispensable de la cuarta Ronda, el ciclo de conciertos organizado por Heliogàbal, nos sacaba del barrio de Gràcia para trasladarse a la sala Be Cool. Allí teníamos una doble cita. Primero con una más que prometedora joven banda y luego con todo un clásico del indiepop.

Abriendo la noche, Wild Balbina vinieron, tocaron y convencieron. 11 temas fibrosos, la mitad de su EP de debut Eat Tacos, su nuevo mini LP Sisters Before Misters íntegro, más una versión de Rockin Ramrods y un imparable tema final no identificado —creo que llamado Wild Man—, tocados con nervio y brío. Indie-rock que a veces suena fresco e incontestable, como si Bleached vinieran de Vigo en vez de la soleada costa californiana. Y otras, más oscuro, cercano al noise. En cualquiera de las dos formas, igualmente apabullante. Esperamos verlos por aquí de nuevo muy pronto. Valen mucho la pena.

Y ahora viene la parte de la crónica controvertida, la de la supuesta traca que debía haber sido el concierto de Comet Gain… y la extrañas, ambiguas sensaciones que me dejó. El buen sabor de boca de Wild Balbina, el prometedor ambiente previo, la excelente música pinchada —los Go-Betweens seguido de Housemartins seguido de los Comet Gain, ¿cómo se supera eso?—. Todo estaba listo para ser una noche memorable, largamente esperada. Sólo era mi segunda vez, y la primera, en el Poble Espanyol dentro del Primavera Sound de 2011, estuvo marcada por un sonido atroz. Ganas es poco.

En formato cuarteto, risueños y despreocupados, David Feick y compañía arrancaron su show de forma enérgica, dejando atrás los fantasmas, esa leyenda negra que dice que sus conciertos son más bien caóticos… ¡Oh! Esperad. ¡El concierto fue absolutamente caótico! Y es que a la quinta canción, bueno, no una canción cualquiera, una de las mejores, enormes, más grandes que la vida, me refiero a You Can Hide Your Love Forever, el concierto dejó de ser el show de Comet Gain para pasar a ser el show de una parte del público con Comet Gain de fondo. Toda una experiencia, pero no exactamente lo mismo.

Quizá sea una convención social entre quienes han tenido la fortuna de ver a la banda en más ocasiones, pero para quien escribe, el desfase fue toda una sorpresa. Pogo tras pogo, palmas desacompasadas y griterío incluso en las canciones más tranquilas —la preciosa Long After Tonite’s Candles Are Blown quedó sepultada—, desparrame y descontrol absoluto de, en realidad, unos pocos con muchas ganas de fiesta, varios de ellos muy perjudicados. Totalmente ajenos al resto del mundo que, por cierto, también había pagado su entrada y tenía todo el derecho de estar ahí, sin recibir empujones, codazos, u otras cosas.

No quiero parecer un criticón o un aguafiestas. La verdad es que un momento de genuina euforia, donde la liturgia habitual de un concierto se rompe —creo que la banda es propensa a ello, aunque se les veía felices ante la situación— y uno es partícipe de algo más espontáneo, y quizá más auténtico, es refrescante. ¿Pero durante todo el show? Ahí ya tengo mis dudas.

En el fondo, personalmente puedo resumirlo así: un concierto en el que la banda toca Breaking Open The Head, el trallazo que es The Kids at the Club, Herbert Huncke, Confessions of a Daydream, la tremenda Fists in the Pocket y ¡dos! veces You Can Hide Your Love Forever, pero en el que el mayor recuerdo de la noche es ver a un conocido volando en un recinto tan reducido como la sala Be Cool es que es un concierto fallido. Para mi. Aunque para otros fuera la fiesta del año. Sólo es una opinión.

 

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