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Cigarettes After Sex, Sala Copérnico, Madrid (27-11-2017)

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El rollo ‘hype’

Me pasó con The Strokes en 2002 cuando vinieron a presentar a La Riviera ‘Is this It?’. El disco me gustaba tanto que quería ver si la banda del momento lo defendía bien en directo. Y me llevé una gran decepción. No es que el símil sea equiparable a Cigarettes After Sex (CAS), porque el revuelo y el impacto que causaron The Strokes no es lo mismo. Pero el disco de debut de CAS de este 2017 contiene un gran poder de seducción: lento y efectivo. Es un buen disco, pese a que cae en cierta linealidad de planteamientos. Consiguieron agotar entradas tres meses antes del concierto, cambiando de recinto, algo que dice mucho de su recorrido ascendente. CAS vienen de Brooklyn (el sitio más ‘cool’ del mundo ¿no?), fabrican sonoridades sonidos oscuras, ensoñadoras, muy en la onda de unos Joy Division baladistas, perfilando el dream pop pero recorriendo la tradición de Low (sin todos los matices de los de Duluth, Minnesota). Y sí, merecen la pena. Pero en directo solo se quedan en lo correcto. Cumplen una sentencia que ocurre con muchas otras bandas: molan más en disco.

¿Por qué? Pues porque los matices se pierden si no elegimos el recinto adecuado. En Copérnico la gente escuchó en un silencio bastante generalizado (¡bravo!) esa música sugerente y de cadencia leve. Una música que incita al recogimiento de un teatro, como ideada para un público sentado. El cuarteto con una puesta en escena mega sobria, venía apoyado por unas visuales minimalistas: ‘stop motions’ en blanco y negro, de paisajes, reflejos en una bola de cristal de las casas al pasar en coche; un edificio de apartamentos en la soledad de la noche; un cielo en tormenta; varios rostros de mujer, con mirada penetrante, una de ellas llorando, en una estética muy propia del romanticismo: como llamando a esa mirada interior, al individualismo, a la intimidad.

El bajo, ya de por sí muy poco rítmico en disco, ofreció un exceso de graves que tapaba la voz (uno de los fuertes de CAS), y también las melodías de la guitarra y los teclados. Esas bases y ese bajo caen en la linealidad como una losa. Greg Gonzalez, que lidera esta banda, lucía camiseta del Songs of Love and Hate de Leonard Cohen bajo una cazadora de cuero, y no muestra afán de protagonismo. Esperemos que siga los rastros del maestro Cohen en lo compositivo, en lo mágico y en lo trascendental. En CAS sobresale su voz, que sale de las entrañas y juega a ser testigo de las cosas, enriqueciendo el todo de las melodías. Y no digo que no sonaran apoteósicas “Apocalypse” (una maravilla que sirvió de cierre antes de los dos bises), “K.”, “Sweet”, “Sunsetz”, u “Opera House” (que no sé porqué me recuerda a Richard Hawley), son sugerentes parajes sonoros donde quedarse. Un disco de 10 canciones del que se extraen 4 sencillos dice mucho. Sin embargo, en cada escucha el concepto resulta como que se vacía un poco, como si perdiera aire en cada registro, como si se desinflara el aire con el que lo han inflado. Veremos a ver que dan de sí en su segundo disco. En directo demostraron profesionalidad, pero en un modo demasiado sobrio. Tocaron doce canciones y dos extras, una de ellas fue ‘”Dreaming of You” de su EP de debut de 2012.

Salí de la sala con ganas de algo más auténtico, más genuino. Con ganas de más consistencia. Como si hubiese visto un producto musical perfectamente elaborado y enlatado, dotado de buenos ingredientes aunque fueran transgénicos, con algo artificial. Deberíamos de huir de los ‘hypes’ como quien huye de las bombas, de la muerte, y de todo lo que puede saltar por los aires sin dejar rastro humano. El ‘hype’ como victoria del postureo, de la falsedad, y alejado de las esencias. Ojalá CAS discurran por otros terrenos. Creciendo en detalles, en matices, en texturas y ampliando fronteras. Entonces será otro rollo. Un rollo puro, libre y menos cortado bajo un patrón.

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