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Christina Rosenvinge, Joy Eslava, Madrid (04-03-2011)

rosenvingemadrid2011

No hay nada como jugar en casa, y eso lo sabe muy bien Christina Rosenvinge: una vez más, volvió a triunfar en la capital. Esta vez venía a presentar La Joven Dolores, su flamante nuevo disco con el que ha vuelto a conseguir lo que casi parece imposible: poner de acuerdo tanto a la critica especializada como al público.

Arropada por su inseparable Charlie Bautista a la guitarra, una de las componentes de Boat Beam al piano y al chelo, y un batería y un bajista bastante apañados, Christina salió al escenario de la sala Joy Eslava dispuesta a dejarnos los mejores temas de sus dos últimos trabajos. Y es que salvo la concesión al Continental 62 con Nickel Song, todos los temas que sonaron eran de su nueva etapa española, tras su marcha de la ciudad de los rascacielos. Se echaron en falta temas como A Liar To Love, Tok Tok o King Size, pero la cantante de ascendencia danesa tiene una buena colección de canciones con las que solventar perfectamente un concierto de hora y media. Cada vez se la nota más cómoda tocando el piano y estuvo prácticamente la mitad del show sentada delante de él, resolviendo con bastante atino varios de los temas más celebrados de la noche (Mi Vida Bajo el Agua, Eclipse, Eva Enamorada, La Noche del Incendio o A Contrapelo). Lo malo es que el orden del setlist fue un poco extraño, ya que prácticamente no empezó a sacar la artillería pesada hasta el ecuador del concierto –a excepción de Jorge y Yo, que fue la canción con la que abrió el concierto–. Vamos, que no escuchamos temas como Weekend, La Idiota en Mi Mayor (en la que el público de la sala hizo de músico improvisado dando palmas), o Anoche (El Puñal y la Memoria) hasta el final, e incluso alguna se hizo esperar hasta los bises, junto a una ruidosa Debut –donde se echó bastante de menos a Steve Shelley a la batería–, o esa estupenda Canción del Eco que abre su último trabajo.
Aunque no fue una noche de diez, Christina volvió a demostrar que, de repertorio, va sobrada, y que no tiene ningún problema para hacer un concierto de casi cien minutos en el que todo sean buenas canciones. Tampoco nos podemos olvidar de la estupenda banda que lleva, en especial de Charlie Bautista, con el que tiene una gran complicidad encima del escenario –como pudimos ver cuando éste le pisó el pedal de la guitarra a una despistada Christina en el principio de la fronteriza Tu Sombra–.

Fotos: Adolfo Añino 

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