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Chris Robinson Brotherhood, Sala But, Madrid (10-03-2016)

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Chris Robinson no debería necesitar de mucha presentación, sobre todo para los aficionados al rock clásico o para los que tuviesen un par de oídos en la década de los noventa.
Al frente de The Black Crowes supo actualizar el legado de bandas legendarias como los Rolling Stones y los Faces, añadiendo una buena dosis de rock sureño a lo Lynyrd Skynyrd o Allman Brothers. Tras un par de (muy recomendables) discos en solitario y la disolución definitiva del grupo, forma su nuevo proyecto musical: The Chris Robinson Brotherhood. Ya con su antigua banda había coqueteado con el sonido de las “jam bands”, así que no es precisamente una sorpresa que haya elegido ese camino (con Grateful Dead como grupo de cabecera) para continuar su trayectoria musical.

En las filas de su hermandad musical destacan Neal Casal a la guitarra solista (quien cuenta con una extensa carrera en solitario y fuera parte de los Cardinals de Ryan Adams) y Mark Dutton, antiguo bajista de Burning Tree (grupo de Marc Ford, quien fue guitarra de los Black Crowes durante la primera etapa del grupo). Junto a ellos George Sluppick a la batería, Adam MacDougall a los teclados, y el propio Robinson como segunda guitarra.

Se rumoreaba que el grupo tenía la intención de tocar alrededor de tres horas, y así fue. Un concierto dividido en dos partes con un pequeño descanso, y con un total de 17 temas. El repertorio se centró en los tres discos en estudio que ya tiene el grupo, más un par de canciones rescatadas de los mencionados discos en solitario de Chris (“Like A Tumbleweed In Eden”, “Ride”) y alguna versión (“She Belongs To Me” de Bob Dylan, y “Catfish John” de Johnny Russell, entre otras). No, nada de canciones de los Black Crowes.

Indudablemente con las referencias musicales que tiene el grupo (bandas de temas largos y solos de guitarra continuos) , Neal Casal tuvo un papel primordial, pero no menos que el curioso sonido que salía de las teclas del señor McDougall. “Tienen un teclado que suena como el de Barrio Sésamo“, decía alguien mientras esperábamos haciendo cola frente a la sala But. Y lo cierto es que es una buena definición. Por supuesto no hay que olvidar la característica voz de Chris Robinson, aunque en un registro bastante más limitado de lo que nos tenía acostumbrados con los Crowes. Su tarea como segundo guitarra tampoco le permitió marcarse esos bailoteos tan propios de antaño.

Fue un concierto intenso con indudable sabor añejo, e inevitable recordatorio de lo que eran antes los conciertos (un ritual de acercamiento entre los seguidores y el grupo, con dedicación por ambas partes), no un simple, y muchas veces escaso, evento promocional como son demasiado a menudo hoy en día los conciertos de grupos “modernos”.

Todo el mundo pareció salir muy satisfecho del ritual de la hermandad Robinson, pero hablando de hermanos yo sigo prefiriendo cuando Chris era capaz de limar asperezas con su hermano Rich, y ambos dejaban que los cuervos volaran alto.

Foto: Jackster (Solo-Rock)

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