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Cass McCombs, Teatro Lara, Madrid (20-01-2014)

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No recuerdo casi ningún concierto, de los que he visto últimamente, que haya empezado a la hora anunciada. El concierto del lunes en el Teatro Lara de Madrid no fue una excepción. Esto es especialmente molesto cuando los conciertos no son en fin de semana y uno no tiene todo el tiempo del mundo.
Los organizadores de estos eventos deberían respetar un poco más a su público, y de paso darse cuenta que las redes sociales y similares no sólo sirven para la autopromoción y para colgar fotos de lo que cenaste ayer. Para actualizar la información referente a los horarios y no hacer a nadie perder su tiempo también sirven (sorpresa).Pero centrémonos en lo musical.

Lo de Frank Fairfield abriendo para Cass McCombs no fue americana, ni música de raíces, si no las propias raíces de la música tradicional de los Estados Unidos.Ataviado como si hubiese salido de una película ambientada en la Gran Depresión, y sentado (más bien esparramado) en una silla Fairfield se fue turnando violín, banjo, y guitarra para ofrecer “cowboy songs”, valses, y alguna tonada country.
Alternando el inglés (con un enorme acento ”redneck”) y el español (“soy tejano, y allí se habla mucho español”, nos dijo) contó un poco el origen de cada canción (todas tradicionales), estableció paralelismos entre la música tejana y los verdiales de Málaga, y dejó a propios y extraños rendidos ante un espectáculo entre lo surrealista y lo directamente “freak”.
Se despidió con una canción cantada en español y tal como apareció se fue: como un simpático fantasma del pasado.

Denominar a Cass McCombs como “cantautor” además de ser muy poco preciso puede llevar a confusión a más de uno (sobre todo teniendo en cuenta las connotaciones que puede tener esa palabra).Aunque la base de la música de McCombs viene de la tradición americana (country, folk, blues …) también se alimenta de jazz, de pop, y de rock. Y precisamente eso es lo que nos ofreció esa noche, un concierto de rock.
Vino acompañado de otro guitarrista, un bajista y un batería. Y fueron tocando temas del ya amplio repertorio de McCombs (siete discos en unos 10 años), aunque centrándose especialmente en su extenso último disco Big Wheel and Others”.No hubo casi sitio para la parte más acústica y delicada de su obra (que también la tiene), un sonido nítido, potente y rockero fue la tónica del concierto.

Al comenzar con “The Can Be Only One” nos recordó que la sombra de Lou Reed es alargada. Una steel guitar adornó “Angel Blood” (casi la única concesión a esa faceta más country), “Dreams Come True Girl” (que grabó para su “Catacombs” junto con la recientemente fallecida Karen Black) acabó en una larga jam (como acabaron también muchos de los temas), y con la “popera” “That’s That” el grupo se retiró del escenario.
Volvieron a salir para tocar la melancólica “County Line” y así se despidieron.
El público aún aplaudía cuando las luces del teatro se encendieron y la música reggae que había sonado como “hilo musical” antes de la actuación volvió a sonar.Hora de marcharse.
“Lo he disfrutado muchísimo”, le decía una chica a su acompañante al salir.Yo también (supongo que hablaban del concierto).

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