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Casiotone for the Painfully Alone, Moby Dick, Madrid (23-10-2010)

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El rostro musical que Owen Ashworth esconde tras su proyecto Casiotone for the Painfully Alone provoca, casi siempre, dos sentimientos encontrados: o una extraña adicción o una respetuosa indiferencia. Ambas reacciones se pudieron ver entre el público la noche de su despedida en Moby Dick donde, rodeado de sus cachivaches electrónicos y en poco más de una hora, hizo un repaso a sus trece años de trayectoria.


En contraste con la riada de blancos aficionados que rondaban las inmediaciones (el Real Madrid jugaba a dos pasos de allí), los asistentes éramos casi una familia. No más de 100 personas charlaban en el interior de la pequeña sala, respetando los carteles con los que el de San Francisco había pedido, con mucha educación, hacer de su concierto un espacio libre de humos. Algo que fue de agradecer.

Tras un preludio protagonizado por los melancólicos y ruidosos temas de los patrios The Secret Society, Owen se presentó en el escenario con sus grandotas gafas pero desprovisto de esas largas barbas que antes solía lucir. Con una voz grave y entrecortada sobre bonitas bases electrónicas, fue esbozando sus dos últimos discos, Advance Base Battery Life y Vs. Children (2009), en una primera parte que, aunque contó con algunos momentos celebrados como Lesley Gore On The T.A.M.I Show o White Corolla, pudo resultar algo monótona. Las canciones, aun siendo preciosas, se iban sucediendo con una estructura tan parecida que sólo eran distintas a vistas de un gran seguidor. Inevitablemente o no, el resto del público tendió dejarlas como telón de fondo de sus conversaciones.

Al son de Etiquette (2006), con ritmos acelerados más propios de Dntel que de Magnetic Fields, se animó el cotarro y la secuencia de diferentes loops hizo que más de uno moviera la cabecita. Silbidos y aplausos, quizá los más efusivos de toda la velada, se oyeron también con la versión de la brucespringsteeniana Streets Of Philadelphia y con el bis en el que se pudo disfrutar la cándida Optimist vs. The Silent Alarm que termina con la melodía infantil When the Saints Go Marching In.

Así se resumió este adiós, para muchos insulso. Mas he ahí el encanto. Owen no buscó deslumbrar sino interpretar y contar sus relatos musicales con la sencillez, la sensibilidad y la timidez que los caracterizan, casi insinuándolos. Lo perfecto hubiera sido poder complementar estas tiernas historias con ilustraciones como las de sus discos o videoclips. Con o sin ello, fue una despedida realmente entrañable ¡Hasta siempre, Owen Ashworth!

Foto: Miguel López


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