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C. Tangana, Ochoymedio Club, (12-11-2016)

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C.Tangana, o petarlo de nuevo.

Petarlo era esto. Dos noches seguidas de éxito para C. Tangana en el Ochoymedio de Madrid, en esta ocasión en la sesión TRVMP, que la sala dedica a directos de trap y rap. Una gesta que no le viene de nuevas. Pero la manera de reaccionar al incremento paulatino de su notoriedad no es otra que darlo todo, siempre. Una palabra, “siempre”, que repitió sin parar en este bolo: así se llama lo nuevo de AGZ. -recién salido del horno-, y así siente C.Tangana el vínculo con su crew.

La cola antes de entrar a la Sala BUT daba la vuelta a la manzana por detrás (mucha MUCHA cola y muy tempranera, creedme). Dentro, un poco como sardinas en lata, nos acumulábamos gente de todo tipo. Había muchos jovenes con pinta de nacidos en los 90, pero no faltaba representación treintañeril y algunos ejemplares nacidos en décadas anteriores. Eso sí: la euforia que se palpaba en el ambiente era pura y virginal, de todos al unísono.

Desplegaron para la ocasión una señora escenografía futurista y elegante. Antes de salir C. Tangana pedía más calor con el micro desde el backstage. Y vaya si lo tuvo. Sus compañeros a los platos, al fondo, se dedicaron a jugar con unas bases que sonaron potentes en todo momento. Empezó con ‘Wings’: qué mejor que comenzar con un local repleto de personas berreando como posesas tu nombre. Siguió hit tras hit (su colección de canciones es así, incontestable) con ‘Sin disimular’, ‘Nada’ (me flipa eso de “la pochez esa a la que tú llamas vídeo”), y la presentada  pocos días antes ‘Persiguiéndonos’.

La estética es importante en la propuesta musical de la que estamos hablando. Nuestro carismático protagonista se cambió de modelo varias veces (“cómo se suda en los conciertos de indie”, espetaba burlón aprovechando la coyuntura para irse cambiando de atuendo y, de paso, enredar un poco con las etiquetas musicales), y acompañó su show con proyecciones evocadoras y conceptuales, elocuentes y concisas como sus letras. Así desde el público fuimos acompañando nuestras miradas bailongas con imagenes costumbristas de bar de viejos (espetos con pollos a l’ast o filetes humeando en la plancha), evocadoras imágenes de cine clásico e incandescentes escenas subidas de tono.

En mitad del show, ¡sorpresa!, aparece Rosalía en el centro del escenario, entero para ella, y tocando un teclado. Dos minutos y medio de una suerte de mash-up propio y orgánico de dos canciones de Manuel Molina: ‘Tu mirá’ y una letra por bulería. Su cante fue para quedarse boquiabierto, aunque por desgracia no se pudo oir con claridad por el espeso murmullo (más bien barullo) que los allí presentes armaron. Vale que venimos a ver rap, pero si nos vamos a casa habiéndonos deleitado con algo inesperado y aprendiendo algo nuevo, mejor será, ¿no?

Es innegable que la presencia, la voz y la gracia (en el amplio sentido de la palabra) de esta cantaora es brutal. Arrebatadora. De dejar sin habla. No en vano el anfitrión la presentaba como la mejor cantante de este país. Acabado el sentido tema de Rosalía, prosiguió Tangana con su repertorio. Sonaron ‘Los tru’, primer adelanto de lo nuevo de AGZ., algunos temas inéditos más, y no faltaron la contundente ‘C.H.I.T.O.’ (madre mía si Carlotta Cosials hubiera escuchado ese “quiero casarme contigo” desgañitado por cientos de personas al unísono), la finísima ‘Bolsas’ (qué manera de hilar fino en pocas palabras, es maravillosa), ‘100K pasos’, ‘Alligators’, ‘Qué pasará’, ‘Lo hace conmigo’, o ‘Los chikos de Madriz’ (“Me odian por tres cosas: ser el mejor, querer vestir gratis, y porque quería tener la portada”, explicó antes de cantarla, a propósito del beef).

La cosa no había acabado, y tras hacerse el remolón salió con Rosalía y se hicieron el Pimpinela millenial que es ‘Llámame más tarde’, para terminar con “la mejor mierda que se ha hecho este verano en este país” (según las propias palabras de Tangana): ‘Antes de morirme’. Razón no le falta.

Temazo que terminó de rematar una noche de emoción, karaoke, fervor, devoción, y de reconfirmación de la reconfirmación de que lo de C. Tangana es un tsunami que todo lo arrasa, imparable ya, y que se está forjando con paso firme y fiel a su personalidad un espacio en el panorama musical más allá de los circuitos puramente independientes. Y que no se engañe nadie: esto no es una cosa solo apta para los más jovenes. Que hayan sido ellos quienes lo han encumbrado es una realidad. Que es material de obligado conocimiento y muy disfrutable para cualquiera que se considere melómano no lo es menos. Y no lo olvides: siempre estás a tiempo de unirte al rollo del más blando del rollo (sic.). “No le gusta el rap pero C. Tangana sí” es otra buena manera de definir lo que despierta su escucha. Disfrutarás un poquito más de la vida y fliparás en sus conciertos como yo lo hice. Palabrita.

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