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Bryan Ferry, La Riviera, Madrid (03-07-2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Con rayos, truenos y una buena granizada recibió Madrid a Bryan Ferry. El mítico músico inglés volvía a la capital para dar un repaso a toda su carrera y presentarnos a su nueva banda. Pintaba estupendamente –excepto el tiempo–, pero el concierto no fue todo lo maravilloso que esperábamos (aparte del sonido encapotado de La Riviera, algo habitual en esta sala). Bryan Ferry interpretó su papel a la perfección, cantó bien y estuvo tan encantador y enigmático como siempre. Pero el joven guitarrista que ha reclutado Ferry fastidió gran parte del concierto. Sus estridentes (y atronadores) solos de guitarra se colaron en muchas de las canciones e hicieron que aquello sonara como un concierto de AOR –por no hablar de su “rock face” y de sus posturas a lo Slash en el vídeo de ‘November Rain’–. Afortunadamente, el resto de la banda estuvo más que correcta y, aunque sus miembros tuvieron algún momento estelar (sobre todo la saxofonista), no le robaron protagonismo a Ferry.

El concierto empezó muy bien con una ‘Re-Make, Re-Model’ que fue un cañón y un Bryan Ferry muy activo al que se le veía con ganas (muchos pagaríamos por estar así a su edad). Hasta el tercer tema, ‘Slave To Love’, no se vio lo mucho que puede estropear una canción un mal sonido y una mala interpretación. Toda la suavidad y la elegancia de esta canción se vieron empañadas por unas guitarras que pintaban muy poco. Y es que el guitarrista se negó a levantar el pie del pedal durante todo el concierto; todo pasó por su insulso filtro guitarrero. Menos mal que, por lo menos, las canciones estaban ahí, y en los momentos en los que el candidato a estrella del rock no estuvo en su salsa, nos pudimos sumergir en lo mejor de Roxy Music. Y es que Ferry centró casi todo el concierto en los temas de su primera banda, y así es imposible que uno no disfrute como un enano. Las canciones más soft-pop fueron las que más lucieron (el guitarrista no podía meter mucha baza en ellas), y cortes como ‘Oh Yeah’ o ‘Take A Chance With Me’ nos recordaron lo grandes que eran Roxy Music haciendo baladas y medios tiempos. Por no hablar de ‘Avalon’, que cayó tras una versión al piano (se sentó a los teclados en unas cuantas ocasiones) de ‘More Than This’, que quedó algo descafeinada.

La cosa se torció un poco con los temas más rock, que sonaron muy estándar. Pasó con ‘Casanova’, aunque el ejemplo más claro fue ‘In Every Dream Home A Heartache’, que en el tramo final de su versión de estudio cuenta con un intenso desmadre guitarrero que aquí sonó simplón y a más de lo mismo. Y eso que las dos coristas pusieron todo su empeño en que aquello funcionara (pero no, ahí estaba el robaplanos y su guitarra para dejar claro que era el que mandaba –Ferry le dio demasiada manga ancha–). Pero Bryan Ferry no es tonto, y para cerrar la primera parte del concierto cambió de tercio y nos dejó tres de los mejores temas de Roxy Music. Fueron 15 minutos con momentos para el baile (tremenda ‘Love Is The Drug’), para recordar que ellos le dieron elegancia al glam (‘Virginia Plain’), y para demostrar que el art-rock no sería lo mismo sin él y sus antiguos compañeros de grupo (‘Both Ends Burning’).

En el bis reaparecieron los problemas con ‘Let’s Stick Together’, que sonó un poco a fiesta de pueblo. Esta reinterpretación del tema de Wilbert Harrison, que sacó Ferry en 1976, tenía un toque disco interesante en su versión de estudio, pero encima del escenario de La Riviera brilló por su ausencia. Sonó pobre y, lo que es peor, muy estándar. Parecía que, en lugar de a Bryan Ferry, estábamos viendo a una banda de versiones. Menos mal que en ‘Editions Of You’, que vino a continuación, volvió a demostrar que sabe hacer rock sin caer en los tópicos en los que había caído una hora antes. Esta sí que sonó contundente, como una apisonadora y, aunque tuvo el inevitable solo de guitarra, no se comió el resto instrumentos, como en las canciones anteriores. Para despedirse del público madrileño eligió la versión del ‘Jealous Guy’ de John Lennon que grabaron Roxy Music en 1981. Sonó muy bien, pero quizá hubiera estado mejor algo más movido para cerrar el concierto. Sobre todo porque se dejó unos cuantos clásicos en el tintero: un ‘Same Old Scene’ o un ‘Angel Eyes’ hubieran estado mejor.

Disfrutamos del concierto, pero lo podía haber hecho mucho mejor.

Fotos: Adolfo Añino

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