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Bon Iver, Palacio de Vistalegre, Madrid (28-10-2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Lo de Bon Iver es un caso digno de estudio, de esos que se dan muy pocas veces en el mundo de la música. Y es que es difícil llegar hasta donde han llegado ellos, con una propuesta tan intimista y poco comercial. La banda de Justin Vernon está viviendo su mayor momento de popularidad (Premios Grammy, cuatro noches seguidas en el Radio City Music Hall, …), y lo pudimos comprobar en su estreno en Madrid, en el que casi llenaron un recinto para grandes eventos como es el Palacio de Vistalegre.


La cita con el músico de Wisconsin se tornaba como una de las grandes de un otoño que va a ser de lo más interesante musicalmente hablando, por lo comentado anteriormente y por la calidad que desprenden sus composiciones. Aunque de buenas a primeras se le podía poner algún pero a este concierto (un recinto como Vistalegre, con mal sonido y pensado para eventos menos intimistas, no parecía el lugar adecuado), nuestras dudas se despejaron con la primera canción. Desde el primer momento pudimos comprobar que el sonido no era atroz como otras veces (tampoco era una maravilla), y que Vernon venía dispuesto a dar un gran concierto de rock.

El folkie por excelencia, aterrizó en Madrid con una banda de nueve músicos entre los que había dos baterías, un saxofonista (nada más y nada menos que Colin Stetson) y varios guitarras que demostraron su poderío en unas cuantas ocasiones. Además, la puesta en escena con una lonas viejas colgadas del techo y una especie de palos que se iluminaban (fueron la pesadilla de los fotógrafos), consiguió hacer de Vistalegre un sitio de lo más acogedor.

Justin Vernon venía a presentar su segundo y homónimo trabajo, por lo que, como se esperaba, el repertorio se basó fundamentalmente en él. Empezaron con una hermosa Perth, en la que ya nos dejaron bien claro que aquello no iba a ser un concierto especialmente intimista, y donde pudimos comprobar lo bien que han adaptado sus composiciones a un formato para grandes recintos. Desde luego, la segunda parte de la canción fue inmensa, y dejó a más de uno con la boca abierta por la contundencia de su sonido. Y es que esa es la palabra: contundente (siempre, claro, dentro de lo contundentes que pueden llegar a sonar canciones como Minnesota, WI, Michicant o Towers, que fueron las tres que vinieron a continuación). Esos temas, desnudos en su versión original, sonaron totalmente diferentes, aderezados con un poco de percusión y una guitarra distorsionada. Cuando le llegó el turno a Creature Fear/Team, nos obsequió con una buena dosis de ruido: casi parecía que estábamos en un concierto de una banda de Post-Rock. Tras esto vino la parte más sosegada del concierto, quizá la más difícil de digerir para alguien que no es muy seguidor de la banda, como es mi caso. Pero bueno, temas como Wash o Hinnom, Tx están ahí para recordarnos que Mr. Vernon no es un artista de grandes masas, por mucho que el éxito le merodee. Por cierto, en esta parte del concierto vivimos el momento más extraño de la noche, ya que Vernon decidió tirar de autotune para interpretar Woods –la canción que luego hizo con Kanye West con el título de Lost In The World– y se le fue de las manos: se armó un buen lío con el pedal y aquello sonó de lo más raro.

Como los grandes, se dejó los grandes éxitos para el final, y en la última parte nos regaló una festiva y coreada Skinny Love, una emotiva Calgary, y Beth/Rest, esa horrorosa ochentada en la que volvió a sacar el vocoder y, de paso, nos recordó al peor Phil Collins. Con ella acabó esta primera parte. En el bis dejó bien claro que puede mirar a los grandes escenarios de tú a tú: no tuvo ningún reparo en pedir al público que cantara con él The Wolves, y convirtió en una canción de estadio un tema como For Emma, que se presta muy poco a ese formato. En esta última canción fue la banda la que se llevó todo el protagonismo, y terminaron el concierto recreándose un buen rato en sus instrumentos, y dándole bien fuerte a las dos baterías –eso sí, cada percusionista iba por su lado, y no quedó excesivamente bien–.

Fue un gran concierto, a pesar de que faltaron algunos temas de su primer trabajo como Flume o Re: Stacks (aquí no nos obsequió con la parte más acústica donde suelen caer estos temas) y de las concesiones al gran público. Un público que, esta vez, se comportó a la hora de callar, pero que no respetó la prohibición de fumar, algo muy habitual en estos conciertos en grandes salas. 

Fotos: Fernando Curto


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