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BIS Festival, Espai Jove Les Basses, Barcelona (26-10-2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Por muy fanático del balompié que se sea, solo hay una verdad -aunque los hooligans seguro que me crucifican por lo que voy a decir-. Lo mejor del sábado, la cita ineludible del día no estuvo en el Camp Nou, sino en el Auditori de l’Espai Jove Les Basses con el BIS Festival. Barça-Madrid hay muchos cada año -demasiados, que cansino es el tema ya-, pero festivales que supongan un “golpe en la mesa”, den un mensaje claro y meridiano -el indie barcelonés está aquí para quedarse, pese a quien le pese- y encima te lo pases muy bien, son excepcionales. He aquí el repaso de su jornada principal, una vez que los “teloneros” Messi, Ronaldo y compañía dejaron el “terreno de juego” a los profesionales…

La noche la abrieron The Saurs, quienes como era de esperar -fueron seleccionados para el festival por Ultra-Local Records, y estos no se suelen equivocar- convencieron con su rock garajero, inflamado y sin complejos. Un contundente directo a la mandíbula que superó los amenazadores contratiempos técnicos e hizo disfrutar al ya notable público reunido en Les Basses.

En cambio, como ya apuntábamos en el artículo de presentación de BIS, la propuesta de Ocellot (Discos La Gàbia), una suerte de psicodelia caleidoscópica y vintage en la onda de Animal Collective, obtuvo una respuesta más dispar, con mucha gente aprovechando para cenar, curiosear o buscar la pieza musical anhelada entre lo mucho -y bueno- reunido en la feria discográfica. Situación parecida a la que también vivieron Pacosan (Jacquard Recs), combo con notables afinidades sonoras al anterior, pero que en el escenario mostró un mayor empaque y frescura que sus predecesores.

Fue la cuarta banda de la jornada, Boreals (Irregular), quienes lograron reunir a la mayor audiencia de la jornada. Bajo un calor diabólico -entre lo poco a criticar del BIS-, la experimentación y el post-rock cedieron terreno a la electrónica, sin perder de vista su onírica puesta en escena, la cuál contribuyó notablemente a la sesión de hipnosis en que su actuación se convirtió.

Vale que uno es fan de Grushenka (El Genio Equivocado), pero es que después de tres grupos seguidos -quizá un orden diferente hubiera sido recomendable- de corte experimental, el noise-pop del cuarteto barcelonés fue recibido como maná caído del cielo. Y eso que la apuesta en favor de su faceta más abrasiva, invocando los impenetrables muros de sonido al más puro estilo de My Bloody Valentine parecía que no iba a ser apta para todos los oídos -y menos sin protección-. Pero tras la enorme versión de Señora de las Alturas de Los Planetas, la pared se resquebrajó, siendo derrumbada definitivamente con temazos infalibles como Ese Gran Lunar de tu Espalda o Técnicas Subversivas. ¡Queremos el nuevo disco ya!

Desgraciadamente, con Espaldamaceta (Gandula) se produjo el bajón de la noche. La transformación de José Juan González de cantautor a líder de banda “eléctrica” resultó bastante indigesta, más cerca de la World Music y Manu Chao -horror- que de la intrigante promesa de fusión tribal y post-rock. Y a tenor de la desbandada general, Baile Masái decepcionó.

Una pena, porque Eric Fuentes y el Mal (BCore), cerrando la noche en sustitución de Dulce Pájara de Juventud, merecían mucho más público. Trallazo tras trallazo, en un show ejecutado sin contemplaciones, el ex-Unfinished Simpathy demostró intensidad y tablas, haciendo que incluso quienes no somos demasiado amantes del post-hardcore o el rock más crudo nos engancháramos a su actuación. Fue un buen broche para una magnífica segunda edición del BIS Festival. Éxito de convocatoria, notables conciertos y gran ambiente. Triunfo indiscutible, ¡el Balón de Oro de este año tiene que ser para el BIS!

 

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