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Bettye LaVette, Teatro Lara, Madrid (07-10-2015)

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 El alma al desnudo

La cantante estadounidense Bettye LaVette a sus 70 años demuestra más credibilidad que muchas nuevas voces. Hace suyas las versiones que interpreta, las da un tinte vital, dramático, salta al vacío y decide traspasar la frontera del olvido. Su cantar es poderoso, tiene resonancia, entra en las letras, en las historias que canta y se acopla a ellas como una diosa en su reino.

Con la excusa de presentar ‘Worthy’ (Cherry Red Records, 2015) Bettye LaVette tocó la otra noche en Madrid en el Teatro Lara ante una audiencia variopinta que sabía de las dotes de dama del soul. Muchos colegas de profesión, como David Saavedra y José Manuel Gómez, que venían a ver semejante espectáculo. Lavette que en la quinta parte de su carrera musical por fin ha podido tener cierto reconocimiento, y que se agarra al tesón, a las canciones y a la voz como argumentos principales.

Menudo cuarteto que se gasta LaVette. Músicos que sin despeinarse dan forma y embellecen un repertorio garante de calidad. Alan Gill como director musical y teclista: Daryl Pierce, batería; Brett Lucas, guitarra y James Simonson, bajo. Solos de guitarra sin estrépitos, melodías que discurren con frescura y agilidad, todo en pro de la canción y de la fortaleza vocal de Lavette.

Un repertorio elegido para la ocasión especial, con momentos enormes como el “Joy” de Lucinda Williams, o el destello de “My Man / He’s a Lovin’ Man” su primer sencillo en Atlantic Records, el sencillo “Right In The Middle (Falling In Love)” que grabó en 1982 para la Motown, canciones de su disco nominado a los Grammy ‘Interpretations: The British Rock Songbook’ (ANTI, 2010), sin olvidar su anterior trabajo ‘Thankful n’ Toughtful’ (ANTI, 2012).

Fue emocionante ver como el público aplaudía con vítores a LaVette, el público rendido a sus pies tras el bis “I Do Not What I Haven’t Got” (original de Sinéad O’Connor) ‘a capella’ sobrecogedor, y tras un concierto de esos que te sirven de revulsivo vital, que te reconcilia con el dolor, con la tragedia y la deriva. Todos salimos propulsados por la fuerza del alma, olvidando por un momento la realidad  y sus batallas cotidianas.

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