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Beatday: Ladytron + Arctic Monkeys, Copenague (15-08-09)


Imaginaos un festival no masificado, donde los grupos no se solapan, no hay que hacer cola en los baños, la comida es rápida pero sabrosa y las copas cargadas a precios razonables. Apetece, ¿verdad? Pues no imaginéis más: ese festival existe. ¿Dónde? En la civilizada Dinamarca. Hablo del Beatday, que se celebró los días 14 y 15 agosto.


Servidor acudió este último día para ver a dos de sus grupos favoritos, a saber: Ladytron y Arctic Monkeys. Un planazo, vaya. Los primeros tocan en la carpa, escenario mínimo pero suficiente que el cuarteto (convertido en sexteto con la incorporación de un bajo y un batería) ocupa con proverbial puntualidad. Las dos chicas se colocan al frente con sus teclados y aparatitos varios. La impresión: les sigue cortando el pelo y vistiendo alguien que las odia profundamente. Helen Marnie, la escocesa, lleva un vestido con flecos en “V” bajando desde un hombro hasta la altura del ombligo y subiendo hasta el otro hombro. Mira Aroyo, la búlgara, lleva un vestido tipo bolsa con mangas, digamos, infladas, de cuello cerrado que seguro ha rescatado del baúl de su abuela allá en Sofía. Una lástima, con lo guapa que es. Pero hasta ahí la nota (es un decir) discordante del concierto. Qué digo: ¡conciertazo! Vale, reconozco que soy muy fan. Su último disco hasta la fecha, “Velocifero” es casi una obsesión para mí. Y de ahí fueron desgranando, sin pausa, casi todos sus temazos: "Runaway", "Ghost, I´m not scared", "They gave you a heart", "Predict the day"… Intercalando algunos de sus clásicos como "Seventeen" y "Destroy everything you touch". Letras ambiguas, voces hipnóticas, ritmos que se superponen y acaban formando melodías inesperadas, estribillos repetitivos: lo de esta gente es puro pop: música para bailar por dentro. ¿Había dicho ya que soy muy fan? Pues eso.


Al terminar, el tiempo justo para pillar un gran vaso de Tuborg y colocarme cerca del escenario principal, en el meollo, para ver bien a los Arctic, pero lo bastante cómodo para pegar botes sin agobios. Hay incertidumbre por ver si tocaran los éxitos de sus primeros disco o si centrarán el espectáculo en su nuevo trabajo, que ya estará a la venta cuando leas esto. Se respira la ansiedad. Una chica a mi lado me dice algo en danés. Ante la expresión de mi cara (algo así como “¿Ein?”), grita: “¡Arctic Monkeys!”, y da un par de saltitos. Yo me sumo a su entusiasmo gritando: “¡Yeah!”. Pues no me animo yo rápido.

El cuarteto de Sheffield (más un guitarrista extra que permanecerá en un discreto segundo plano todo el concierto) sale al escenario. ¡Pues se han dejado melenas! Todos menos el batería. Espero que no se hayan vuelto “progresivos”. El cantante y principal compositor, Alex Turner, lleva gafas de sol (es de noche) y una pose de desgana. Siento por este tipo una mezcla de admiración y envidia: un cóctel agitado por su gran talento y removido por su insultante juventud. La primera canción es nueva. Suena, no sé, pesada. De hecho, me recuerda a Black Sabbath. No bromeo. La segunda es una versión de Nick Cave, sólo reconocible en el estribillo: “Red right hand”. La tercera también es inédita. Al terminar de tocarla, Turner increpa a alguien del público por la camiseta que lleva (y que yo no puedo ver desde donde estoy). Está realmente indignado: “Ahora cada vez que toque esta canción me acordaré de tu puta camiseta”, dice, “y eso no mola”. El resto del grupo no abre la boca. Tocan al más concentrado estilo shoegazer. “¿Os lo estáis pasando bien?”, nos pregunta el vocalista, y enseguida arranca con el momento de la noche: "I bet you look good on the dance floor". El público enloquece. Dos vikingas que están delante de mí se quitan las camisetas, que empiezan a ondear por encima de sus cabezas. Sí, sí, ya se que parece una fantasía mía, dos vikingas dando botes en sujetador, pero eso fue lo que sucedió, ¡os lo juro por los Smiths! Al terminar el himno, Turner dice: ”Ahora sí que lo estáis pasando bien”. A partir de ahí, engarzaron sus temas más conocidos, especialmente de su segundo disco. Un concierto que terminó mejor de lo que empezó, en el que hubiera deseado algo menos de profesionalidad, menos seriedad, ya me entendéis, y que me dejó con ganas de volver a verlos en un espacio más cercano y cuando conozca de memoria las canciones de su nuevo álbum. ¡Qué seguro que será pronto!

 

 

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