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Beach House, La Riviera, Madrid (15-03-2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

beach house portada copy

Beach House aterrizaba en Madrid con todo el papel vendido, tras llenar dos noches seguidas la sala Apolo de Barcelona. El dúo de Baltimore ha cosechado un gran éxito con sus dos últimos trabajos, y eso se notó en la Riviera Madrileña, que estaba hasta los topes.


Este tipo de conciertos de grupos que despegan de repente (aunque algunos lleven ya unos cuantos años, como es el caso) dan mucho miedo por sus fans. Uno espera que, al menos, no le toque el típico grupo “estorbo de turno” al lado, pero no tuve suerte. Junto a mí estaban los típicos que van a un concierto a beber minis de cerveza a 9,50€ y a contarse su semana con todo detalle –por supuesto, siempre con un cigarro, o un porro, en la mano–. No entiendo muy bien a esta gente que va a un concierto a socializar y se deja casi 30€ para no ver nada y estar atenta sólo cuando suena el hit. Por mí pueden hacer lo que les de la gana con su dinero, pero mucha gente empieza a estar harta de tragarse su humo y sus charlas (por lo general, los que fuman, son los que más hablan). Un consejo: para el próximo concierto, quedaos en casa y gastaos el dinero en algo más productivo.

Con un cuarto de hora de retraso, el dúo de Baltimore salió al escenario de La Riviera. Acompañados de un batería y de una escenografía simple pero efectiva, Victoria Legrand y Alex Scally fueron desgranando un repertorio principalmente centrado en sus dos últimos trabajos (estos conciertos son los últimos coletazos de la gira de “Bloom”). Wild y Better Times fueron las encargadas de romper el hielo, y casi diría que sólo valieron para ecualizar el resto del concierto. Estos dos temas no sonaron muy bien (la guitarra de la primera canción casi ni se oía), pero abrieron el paso a una inmensa Other People, y a una coreada Lazuli, donde demostraron lo que son capaces de hacer y lo bien (y potentes) que pueden llegar a sonar. La voz de Legrand no estaba en su mejor día. Tampoco su cabeza, porque tras esta canción soltó unas cuantas chorradas místicas que no venían muy a cuento. Pero bueno, se le perdona, sobre todo porque inmediatamente después escuchamos los primeros gemidos de Norway, una de esas canciones que les han hecho grandes.

Uno de los problemas que tienen Beach House es lo lineales que son. Han dado con una fórmula que funciona muy bien en disco, pero que en directo puede llegar a pesar en el momento en que las canciones bajan un poco de nivel. Y eso es lo que pasó con Master Of None (la única concesión a su debut) y, en menor medida, con Silver Soul. Pero claro, esto se olvida fácilmente si, acto seguido, nos obsequian con cuatro de las mejores canciones de su discografía. El cuarteto formado por la potente The Hours (uno que estaba delante mío se puso a botar como si estuviera en un concierto de Pearl Jam), las ensoñadoras New Year y Zebra, y la inmensa Wishes, fue uno delos puntos álgidos del concierto. De hecho, yo diría que el momento en el que Legrand gritó “One In Your Life” en esta última, no lo lograron superar en todo el resto de la hora y cuarto que estuvieron encima del escenario.

Tras un pequeño bajón con Take Care, tocaba seguir con el manual de instrucciones y cerrar con Myth. el que probablemente sea su gran éxito, y que fue otro de los grandes momentos del concierto. Además, por fin lograron captar la atención de los charlatanes.

El bis lo empezaron flojo, con una Real Love que bien podían haber sustituido por Used To Be o por Walk In The Park, que son infinitamente mejores. Afortunadamente, todavía les quedaban dos cartuchos en la recámara: 10 Mile Stereo e Irene. Supieron aprovecharlos muy bien, ya que las impregnaron de fuerza y contundencia (dentro de la fuerza que puede tener un grupo como Beach House), y sorprendieron a más de uno distorsionando y haciendo algo muy cercano al rock. Es un acierto que de vez en cuando se salgan de su línea y apuesten por algo diferente.

Al final, caras felices por un lado, caras de mosqueo por otro, y un concierto notable, pero no sobresaliente.

Fotos: Adolfo Añino  
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