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Basia Bulat, La [2] de Apolo, Barcelona (31-01-2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Si sois de los que aborrecéis las hipérboles, los superlativos, y las sentencias “más grandes que la vida”, mejor no sigáis leyendo. Queremos a Basia Bulat. Su música es honesta como pocas, su talento es abrumador, y además es encantadora, así que esta crónica de su última visita a la ciudad condal, en La [2] de Apolo, va a estar repleta de ellos. Avisados estáis.

Además la noche empezó realmente bien, con el grato descubrimiento de Casa Celia, nuevo proyecto de Rafa de los Arcos -batería de Manos de Topo- junto a Elena González ColominasPortrait– que defendieron con naturalidad y simpatía -Arcos es un comentarista con gracia y sentido del humor- el notable puñado de canciones que su escueto repertorio tiene por el momento. Indiepop confesional que deja poso y que recuerda a The New Raemon, lo que siempre es bueno. Banda a seguir.

Basia se hizo esperar, aunque es comprensible dada la ingente “cacharrería” musical que dispuso sobre el escenario -demostrando sus virtudes como multiinstrumentista-. Y aunque el trío inicial, City with No Rivers, Snakes and Ladders y la gospeliana preciosidad de If It Rains padecieron de algún molesto acople -cuando anularán/inhibirán los dichosos móviles las salas, por favor-, ya pudimos comprobar que, tal y como esperábamos, la artista canadiense sigue siendo dueña de una de las voces más espectaculares que servidor haya escuchado jamás. Ya lo decíamos: comienzan las hipérboles.

Tras Someone, el sonido se asentó definitivamente, dejándonos disfrutar de Basia en todo su esplendor, con la artista soltándose cada vez más -parlanchina con el público, atención a su adorable castellano-, ya fuera a lomos de su nuevo compañero de aventuras, el charango -esa guitarra que parece de juguete-, su inseparable autoharpa, el teclado o la guitarra. La fuerza de Heart of My Own y Gold Rush, de su segundo disco, activaron al público, mientras que Promise Not to Think About Love sonó radiante. Si se puede poner un solo pero, más bien un deseo, es que ojalá podamos escuchar pronto a Basia arropada por una banda al completo. Algunos de sus temas adquirirían una dimensión aún mayor.

El primer momento mágico de la noche tuvo lugar con The Shore. Es la tercera ocasión en que uno escucha la canción en directo, pero el efecto no se diluye, al contrario. El hechizo de ver como Basia crea una atmósfera de pasmosa quietud -¡con la gente en silencio, increíble!- y recogimiento solo con su voz y la melodía surgida de una cítara/autoharpa que se toca horizontalmente, como si fuera un xilófono, gracias a un martillito metálico, es sobrecogedor.

De vuelta a su celebrado tercer disco Tall Tall Shadow -acaba de ser nominada al Juno como mejor disco de música alternativa de su país- Five, Four y una tremenda interpretación de Paris or Amsterdam, de las que erizan el pelo, nos trasladaron al tramo final del concierto. Después de uno de los escasos rescates de su disco de debut, la encantadora Little Waltz, Basia se situó detrás del teclado. Primero para experimentar con su voz en la doliente Never Let Me Go, a la que siguió el pop más directo de Wires y, como no podía ser de otra forma, Tall Tall Shadow, cerrando el setlist, aunque fue una de las interpretaciones donde más se echó en falta que la canadiense no estuviera acompañada de una banda que le permitiera desatarse como semejante composición merece.

No tardó mucho en volver al escenario, todo sonrisas y modestia, para ofrecernos un doble broche extraordinario armada con su charango y su portentosa voz. En primer lugar con la versión de Serrat, que ya anunciamos en Indienauta antes del comienzo de su gira por nuestra país, de Tu Nombre Me Sabe a Hierba, en un meritorio castellano. Pese a la falta del factor sorpresa y su titubeante dicción, su interpretación fue tan hermosa como emocionante -¿a cuántos la infancia nos suena a Serrat?-. Y el golpe de gracia llegó con It Can’t Be You, demoledora, todo matices y expresividad en una garganta privilegiada. Un imparable torrente de luz que desvanece todas las tinieblas. Qué maravilla, ¡vuelve pronto, Basia!

 

 

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