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Austin TV + Wilhelm Dancing Animals, Siroco, Madrid (21-09-2012)

Autor: | @indienauta

austinsiroco

Noche de música para espíritus poco sosegados la que tuvimos en Madrid el pasado viernes.  Mientras a un kilómetro de distancia, el MTV Beach parecía la franja de Gaza, en la Siroco se derramó adrenalina sin que nadie saliera convertido en un ecce homo. Hubo botellas, sí, pero las de tequila Alacrán que 'rularon' los mexicanos Austin TV entre sus fieles en los últimos minutos de su show que respondieron al gesto con un "¡Que viva México, cabrones!".


Pero empecemos, como es menester, por el principio. La cita era una conexión Navarra-Ciudad de México, con los Wilhelm&The Dancing Animals abriendo la senda con su folk acelerado a las huestes del post rock azteca. Los primeros venían a Madrid a presentar su bien acogido álbum de debut, 'The War of The Species'. Este sexteto se mueve por los terrenos más animados y movidos de Los Campesinos! y Arcade Fire (tienen una canción que incluso se llama Wake up) y abrieron sin cortapisas. 'Singleazo' en la frente. Elephants sonó de partida para animar a su pequeña hinchada y atraer al grueso del público, que había ido a ver el bolo de los mexicanos. El grupo se sostiene en la curiosa combinación entre las voces de Guille, el batería de Antigua&Barbuda, y Helen. Con la ayuda por detrás de sus 'animales bailarines', entre ellos uno con una mandolina eléctrica.

Pese a la limitación de tener sólo un largo que mostrar, seis instrumentos sobre un escenario minúsculo, sonaron bastante cohesionados. Vitalistas, aún se le vio un poco encorsetados, pero la propuesta fue atractiva, con buenos momentos en All Along y The Mighty Lion. La anécdota fue el desvanecimiento de Josh, el bajista. Un golpe de calor y se vino al suelo. Pero al mal tiempo, buena cara. Se despojó de los pantalones y las zapatillas, y en calzoncillos y calcetines siguió tocando tras llevarse el aplauso de la sala.

Austin TV tomó el relevo para cambiar el ambiente luminoso a otro con más testosterona. Vestidos con una especie de uniformes militares y pasamontañas espaciales (qué merito, con el calor sofocante de la Siroco), empezaron con esa pieza que tanto recuerda a los God is an Astronaut, Cuando cerraste los ojos, que hilvanaron con Aunque mis labios no se mueven, mi cerebro sonríe. Armados con dos guitarras, un bajo, batería y teclado más mesa de efectos, sacaron un arsenal de post rock instrumental atronador pero efectivo, mientras espoleaban por el microfono al respetable con consignas en cada interludio. Buscaban la complicidad y la hallaron. Especialmente con ese temazo que es Quedarse es morir ("Inspirada en la película de vampiros Déjame Entrar, pero más playera", confesaron), a la que siguieron Marduk, Lago de tierra y el rush final con Los Caballeros del Líbre Albedrío. Ahí ya habían apagado las luces y sobre el escenario sólo se veían los focos que salían de sus pasamontañas en un calculado efecto que dio en la diana. La fiesta, compadres, ya estaba desatada. "Tuvimos que ir al aeropuerto de mierda de Miami y un montón de horas de avión antes de estar aquí, vamos a pasarla bien", jaleaba el grupo, mientras pidieron voluntarios entre el público para tocar con ellos. Subieron un batería (bastante bueno por cierto), un guitarra y un teclista para acabar de animar el cotarro los últimos minutos. Era la segunda vez en apenas nueve meses que se dejaban caer por Madrid pero, viendo los resultados, hasta parecen pocas.

Fotos: María Antón

 

 

 

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