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Arias & Alfaro, Sala 0, Madrid (13/02/2019)

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Las ‘batallas’ del rock.

Todo fue idea de Marcela San Martín, programadora de Son EG (y 30 años en la sala El Sol), y una de las impulsoras de MIM (Mujeres de la Industria Musical), buena conocedora de simbiosis, de buenas combinaciones, pensó en unir a dos grandes de la música española como Antonio Arias (Lagartija Nick) y a Fernando Alfaro (Surfin’ Bichos, Chucho). Dos artistas que nunca antes habían colaborado. Pero con historias potentes, con carreras musicales sólidas, casi de estandartes, de clásicos del rock o del compositor con madera de roble. Uno natural de Granada y el otro de Albacete. Dos regiones que se tocan por una sierra. Con sus peculiaridades, con sus idiosincrasias. Ambos han sido figuras claves en el rock tanto en sus respectivas bandas como en solitario. Son ya historia viva de nuestra música. Clásicos vivos incontestables.

El concepto de este encuentro-charla de dos artistas con rodaje, canciones e historias que contar, me recuerda mucho al concepto que idearon el periodista leonés Pacho Rodríguez y el periodista gallego David Saavedra. Acústico entorno a una mesa y sobre todo done priman las historias y las canciones. Visionarios ambos periodistas de formatos nuevos que funcionan en aquel que busca detalles, en el curioso, en desgranar la obra, en los matices que pueden pasar desapercibidos. Un concepto muy efectivo para fans, porque si los artistas-interlocutores tienen locuacidad, verbo y ‘batallas’ vitales, la cosa puede generar ricos frutos, muchas anécdotas, risas y buen rollo. Cómo es el caso con Arias y Alfaro.

Y la cosa funcionó porque Arias y Alfaro tienen muchas historias detrás de sí. Alegrías y penurias. Batallas del rock and roll. La vida al límite, al acecho. Su vida ha cosechado grandes frutos. Abriendo Alfaro, que tiene retranca y poca vergüenza, desgrana “Efervescente” del mítico disco ‘Hermanos Carnales‘ de los Surfin’ Bichos, disco que Alfaro define en el escenario como “un disco de amor extraño, al que consideró que podría ser su gran legado, porque andaba enganchado y creía que podría tener el SIDA. Y como gran contador de historias que es, lo cuenta todo como si nada, con los amigos que van y vienen. Con los azares por montera. “Yo era un adicto, antes que nada. La música me salvó”, confiesa Alfaro.

Aquellos años 80 en los que el desconocimiento y los excesos iban de la mano y muchos cayeron en esa vorágine. Muchos amigos de Alfaro, que locuaz cuenta las batallas de amigos, como ‘asesinetti’ que pasó por la trena, por homicidio y luego “al salir estaba asustado como un perro abandonado, pero pronto se convirtió en el camello de los colegas”. A ‘asesinetti’ le dedicó la canción “Oración del Desierto” del disco ‘Fotógrafo en el Cielo‘ (1991) de los Surfin’, que acústico suena también descarnada, sin ese toque afilado de la versión eléctrica, pero con el malditismo de las historias western, de vagos y maleantes, de buscavidas.

La alianza de Arias y Alfaro da juego, especialmente en los coros. En cómo discurre la charla. Y en cómo van encajando sus piezas musicales. Arias cuenta detalles del Omega, y de cómo les largaron de Sony sin piedad. Interpreta “La Curva de las Cosas” del disco ‘Su‘ (1995), sin la contundencia de los riffs, pero con el peso del rock y con el apoyo logístico de Alfaro. Ambos interpretan temas más recientes: Alfaro la fabulosa “Dominó” (2018) y Arias “La Leyenda de los Hermanos Quero” (2017), unos bandoleros de principios del siglo XX con mucha miga.

Arias bromea con el hecho de que quizás las tapas de graná, con la cañita, les salvaron del abismo de las drogas. “Es nuestro chovinismo del buen vivir”. Recuerda que de la banda Conservantes Adulterados de Jaén cayeron varios miembros. Y también recuerda “Énfasis” del gran proyecto Val del Omar, en el que se homenajea al gran artista visual, realizador y pensador, tomando letras del artista y haciéndolas suyas. Arias también aporta ese contrapunto poético, humanista y existencial que tiene el rock de Lagartija Nick, con la soleá de “Melodía y Sombra” de ‘Lo Imprevisto‘ (2004) y Alfaro le acompaña. Arias lleva el flamenco dentro, aunque su espíritu sea rockero.

Alfaro por su parte cuenta sus historias cargadas de dureza, como la que narra en “Sangre en los Surcos” (2018) o la que desprende “Camisa Hawaiana de Fuerza” (2011), ambas suenan pletóricas porque están pensadas para ese formato acústico. Arias por su parte comenta como le propuso grabar “Santos que yo te pinte” a Jota, porque “tengo un 4 pistas y así sólo hacéis ruido una vez”, y las risas brotan. Arias nos hace una clase improvisada sobre como rimar en flamenco. Y ambos interpretan el clásico de Los Planetas. Luego Arias recuerda el Homenaje a Enrique Morente que hicieron Éric, Jota, Florent y él. Y toca la maravillosa “Yo, poeta decadente” sin esa carga psicodélica y sin ese aroma a oficio sacrosanto, a pura vida, pero con mucho arte. Y la noche acaba con un “Aleluya” de Cohen, versionado tanto en Omega con Enrique Morente y los Lagartija Nick, como por los Surfin’, en un punto de conexión de fans de Arias, de Alfaro, y de ambos.

Testimonios de primera mano, historias a raudales, de dos históricos de la música independiente española que dan mucho juego. Ambos de espíritu independiente, aunque estuvieron unos en BMG y otros en Sony. Pero que luego tuvieron que volver a la autoedición. Conciertos así, que son canciones e historias son un regalo. Porque consiste en un encuentro de dos grandes de aquí, de dos leyendas vivas de nuestro rock. Y claro, eso vale oro, porque contienen canciones que perduran e historias que nos permiten entender el porqué de las cosas. Aunque a veces no sabemos cómo suceden las cosas, si es el azar, si es la fortuna, porque la vida casi parece un milagro.

Fotos: Le Chuck Studio (SON EG)

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