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Antònia Font, Liceu, Barcelona (30-03-2008)


Que Antònia Font son para darles de comer aparte es algo que nadie pone en duda. Antònia Font suenan, a pesar de sus idas y venidas estilísticas, a ellos mismos. Y lo siguen haciendo incluso acompañados de una orquesta, como demuestra sus grandes éxitos orquestados titulado "Coser i Cantar" (Discmedi).


La traslación al directo de ese experimento sonoro (si se puede llamar así) necesitaba solemnidad, y que mejor que hacerse con los servicios de una filarmónica y de un teatro lírico como es el todopoderoso Liceu, así que la asistencia era prácticamente imperdible. En resumen podríamos decir que los mallorquines acabaron por vestir de verbena (ellos que siempre se han declarado un grupo de verbena) un sitio tan poco dado a la fiesta como es el Liceu de Barcelona (por cierto, un lugar que se podría explotar aún más para conciertos no clásicos). Haciéndose acompañar por la denominada Royal Philharmonic 4 Quesos Orchestra, no sólo sonaron a verbena, pues también sus canciones más intimistas sonaron más solemnes e impolutas con el formato filarmónico, y estás tiñeron en parte de emoción la velada, propiciando alguna que otra lagrimita en una noche preferentemente hedonista. Y es que canciones como "Alegria" o "Wa, yeah!"propiciaron las palmas y los acompañamientos vocales del público, que resonaron en las paredes de Liceo al igual que lo debe hacer en las grandes noches de ópera. El momento cumbre, repetido en los bises, fue el rap de "Austronauta rimador", tema in crescendo que levantó los ánimos del público, ya de por sí enfervorizado con lo que se sucedía en el escenario (demasiado enfervorizado en algunos momentos con sus palmas sin sentido que rompían la armonía de los que sucedía sobre el escenario, vamos, para un servidor un fastidio). La seriedad de los veintitantos componentes de la filarmónica se volatirizó y comenzaron a formar parte de la fiesta. Pau Debon, tímido imaginamos ante la contemplación de las alturas del Liceu cumplió con creces su cometido a pesar del resfriado del que se quejaba. Joan Miquel Oliver mientras aparecía como  distante a lo que se sucedía, especialmente a los momentos más fiesteros. Serio sí, pero tremendamente efectivo también. Uno a uno desfilaron los temas de "Coser y cantar". Las fantásticas "Robot" y "Batiscafo Katiuskas" suenan extrañas con orquesta, pero otros temas revisten fantásticamente bien las melodías del grupo. Al final, reaparición ya sin la filarmónica para interpretar la estupendas "Darrera una revista", "Love Song" i "Milers d'habitants". Y el público, ya desbocado, prendió fuego imaginario a un Liceu que asistía impávido pero con una sonrisa a la fiesta.

 

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