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Antònia Font, Joy Eslava, Madrid (8-02-2012)

Autor: | @indienauta

antoniaeslava

La belleza está en los ojos del que mira. O mejor dicho, en los oídos del que escucha. En el caso de los mallorquines Antònia Font, incluso por encima de las barreras lingüísticas. Cantar en catalán no ha impedido a este quinteto labrarse una carrera de culto en nuestro país en un largo recorrido de más de una década de extensión. Arrastraron su aura mágica y deliciosamente marciana, altamente poética, musicalmente perfeccionista, y cálidamente mediterránea, a una nueva cita con Madrid el pasado 8 de febrero en la Joy Eslava. Venían a ‘re-presentar’ su último álbum, el inspiradísimo Lamparetes, tras su concierto el pasado 24 de mayo en localización de mayor fuste, el Teatro Lara. El cantante Pau Debon, el escudo público que utiliza Joan Miquel Oliver para mover los hilos de Antònia Font entre bambalinas, ya anticipó que la noche sería más festiva: “Tenemos ganas de tocar delante de gente que está de pie y se mueve”.


La amarga melancolía del rap-western Clint Eastwood fue la pieza elegida para abrir su recital. Enfrente del escenario, el público empezó algo fresquito, igual que el título de la siguiente pieza Icebergs i Gèisers. La ola siberiana aún calaba en los huesos. En uno de sus peculiares y habituales guiños, la siguiente en sonar fue Dins aquest Iglú, de Alegría (2002), cosida con una de sus canciones emblemáticas, Alpinistas-Samuráis. Coreada por un público con amplia presencia catalano-parlante y una media de edad superior a lo acostumbrado a un evento de estas características, fue el 'click' definitivo entre el grupo y su devota parroquia.

Desde ese momento, Antònia Font sacó su particular paleta cromática. Pinceladas suaves (una diferente 'Pioners' -con mención especial a la nevada que vivieron en Mallorca días antes-, Boreal o Es Canons de Navarone, del tirón) y otras barrocas (Holidays) y casi autoparódicas, como esa astracanada que es Islas Baleares. Pau Debon tocó el xilofono y volvió a poner acento de guiri-borracho, desgañitándose en la última estrofa cantada al revés a dueto con un inquietante personaje, el bajista de Entropia según he podido leer por la red. También esbozaron algún doloroso pinchazo (Mecanismes sonó flojita y Pau vocalmente fuera de tono), obras maestras como Tots els motors (imposible olvidarse de la impecable versión con cuerdas del Coser i Cantar) y lo que entiende AF por electrónica, la inclasificable Wa Yeah! con la que acabaron el set antes de tomarse el merecido respiro.

El bis fue un lujazo. Empezando con su emblema, Me sobran paraules, reclamada por una fan en primera línea de fuego con un cartel alusivo (que Pau enganchó en el pie del micro). Le siguió Coses Modernes y esa frivolité que es el combo Armando Rampasmás el rap de Astronauta Rimador, sustentada en un bajo casi hardcore de Joan Roca y un Pau Debon fraseando desatado. Fue un coitus interruptus para parte del público, pero los fans acérrimos volvieron a flipar con esta lunática pieza. "Si parecen casi los Orishas", comentaba una atractiva señorita cerca mía. Volvieron al carril con una de las nuevas, destinada a convertirse en un clásico de estos mallorquines: Calgary 88. Una oda amorosa-deportiva con trasfondo de Modern Talking que terminó de enamorar a la hinchada. Porque lo bello, cantado en el idioma que sea, va directo al corazón.

Fotos: Karles Albert (Autogestió Musical)

 

 

 

 

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