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Anna Calvi, sala Changó, Madrid (16-10-2018)

Autor: | @adolf_ito

La noche del martes iba a ser la segunda vez que veía en concierto a la británica Anna Calvi. La primera había sido en el Dcode de hace ya unos años y, aunque tengo un buen recuerdo de aquella ocasión, la verdad es que casi no la conocía por entonces, el concierto fue muy temprano (a la Calvi le va mucho más el ambiente nocturno de una sala) y la presión de estar de fotógrafo en un festival limitó mucho la experiencia musical. Así que esta ocasión iba a ser la buena; y vaya si lo fue.

Con la sala Changó prácticamente llena, a las 9 y cuarto de la noche salió al escenario Anna Calvi y comenzó el concierto con la pieza instrumental Rider To The Sea, que abría también su primer álbum. La intensidad de la entrada presagiaba ya el espectáculo intenso que nos ofreció. Tal y como se podía leer en un lateral de su pedal de distorsión (se podía leer si estabas pegado al escenario, claro), aquello era synth-punk, aunque tampoco se equivoca Pitchfork al calificar su música como goth-pop. Tiene una combinación de elementos en los que el común denominador fuera de lo estrictamente musical es la actitud en el escenario. Y actitud no le faltó: una mirada desafiante, revolcones por el escenario jugando casi sexualmente con su guitarra, y todo unido a una voz que puede ser tan sensual como salvaje (como declara ella en Hunger, “I feel strong, and yet vulnerable”).

Acompañada por un batería y Mally Harpaz a los teclados y percusión, interpretó casi todos los temas de su nuevo álbum, salpicados por algunos de los mejores de su disco de debut, e ignorando completamente su segundo trabajo, One Breath. Su mirada, su voz, ese sonido primitivo de batería y guitarra y la oscuridad de los sintetizadores atraparon totalmente al público, que miraba como en estado de trance a una Anna Calvi en traje de chaqueta negro, contrastado fuertemente con unos labios, un top y unos botines con tacón de aguja intensamente rojos.

Un Wish acelerado y una magnífica Desire cerraron una estupenda hora de concierto que, con un público tan entregado, tenía que continuar con algún bis. Volvió a salir al escenario para interpretar dos temas más oscuros, con los que el espectáculo tocaba definitivamente a su fin: Suzanne and I y la versión del Ghost Rider de Suicide que incluyó en su EP de versiones. Un magnífico broche para un concierto que, si se le puede poner algún pero, es que supo a poco.

Brian Eno la comparó con Patti Smith, otros lo hacen con PJ Harvey, y la verdad es que puede recordar a muchos (a veces a Nina Hagen, e incluso en ocasiones a Bowie), pero está demostrando que tiene un estilo propio y que, gracias a sus excelentes canciones, puede llegar muy lejos. Espero que la tengamos pronto de nuevo por Madrid.

Fotos: Adolfo Añino

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