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Angel Olsen + Cálido Home, La[2] de Apolo, Barcelona (30-09-2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Tenía ganas de ver a Angel Olsen. Muchas. Me, la perdí en el pasado Primavera Sound, por puro agotamiento tras cinco días —uno siempre llega muerto al domingo—, como siempre aprovechados a conciencia —como debe ser—. Pero al menos la mitad de su magnífico álbum Burn Your Fire for No Witness sigue muy presente en la banda sonora particular de este 2014.

Pese al mal día en Barcelona y el fútbol la primera grata sorpresa la dio la notable presencia de público en La [2] de Apolo ya para la hora del telonero, que tardaron poco en convertirse en la segunda sorpresa en positivo de la jornada. Y es que los locales Cálido Home dieron una pequeña lección. En una época en que la música se consume a ritmo de vértigo y se valora por el número de retuits, ellos lograron lo que a día de hoy parece imposible: que una sala cerrará el pico durante una media hora para escuchar su actuación, pese a ser seguramente desconocidos para la mayoría de los presentes.

Dos guitarras acústicas, talento para tocarlas, dos voces y la sensación de que, pese a no haber inventado nada, le ponen algo más sincero que muchas bandas destinadas a copar mayores titulares. Indie-folk desnudo de artificios, que quizá necesite de algún empujón o algún matiz más novedoso para llamar definitivamente la atención. Pero que el buen hacer de Anna Andreu —atención a su poderosa voz— y Eduard Pagès —atención a sus malabares a las cuerdas— transforma en una hermosa, cercana, genuina experiencia.

Con el buen sabor de boca de Cálido Home le llegó el turno a Angel Olsen. Y pese a que desde la primera palabra surgida de su boca demostró su fuerza vocal, el concierto arrancó falto de esa magia, de esa sensación de estar conectando con el público. Quizá fueran los gilipollas de detrás, que abrieron el concierto con un penoso “hay que ver el daño que hace el Photoshop” —voy a comportarme y lo dejo aquí, la estupidez humana no tiene límites—. O que a la artista de St.Louis todavía se le notaba renqueante de su constipado. O puede que su aún precario estado de salud aumentará su timidez en el escenario, tornándose frialdad.

Free, Drunked and With Dreams, Lights Out, Stars, Miranda… Impecables canciones de alt-country, interpretadas sin tacha alguna tanto por Olsen, con su felina mirada perdida en algún lugar recóndito entre el Atlántico y el Mediterráneo, como por su banda, pero sin lograr despegar. Afortunadamente, algo se fue cocinando a partir de la lánguida y doliente Acrobat, rescate de su anterior disco Half Way Home, donde Olsen dio el primer zarpazo en forma de voz sobrecogedora para meterse al público en el bolsillo.

Como si simplemente hubiera necesitado un calentamiento algo más largo de lo habitual, a partir de aquí la noche adquirió el brillo que su talento y canciones merece. Aunque irónicamente el verdadero punto de inflexión llegó con una fantástica versión de la archiconocida Dreams de Fleetwood Mac. En cualquier caso, a un clásico pop transformado en poderosa aridez folk-rock le siguió un trío de ases incontestables como High & Wild, la inmensa Unfucktheworld con su desesperado mantra final “I am the only one now”, y Sweet Dreams con ese “On Your Own“ fantasmagórico y el trallazo de batería acompañándola en un cierre del tema abrumador. Todos a sus pies, señorita Olsen.

Un impasse nuevamente lento con May as Well y I’m Stranger Here -otra versión, ahora de Richie Havens- no hacía presagiar la explosión de Forgiven/Forgotten. Un ciclón comprimido en menos de tres minutos del que es imposible resguardarse. ¿Y por que habrías de querer hacerlo? Pepinazo, sin más. Tras el subidón, otro momento de recogimiento, ahora con Olsen a solas con su guitarra para interpretar la frágil Iota. ¿Final del concierto? Aún no. Quedaba una bala en la recámara, Tiniest Seed, de nuevo con la banda al completo. Seguramente no fuera la elección más celebrada para poner punto y final a la actuación, que se nos antojó corta y falta de algunos otros temas esperados —Hi-Five, White Fire, por mencionar un par—. Pero poco importa. Tardó en ponerse en ebullición, pero el fuego de Angel Olsen finalmente prendió en La [2] de Apolo.

Fotos: Andrea Nieto

 

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