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Alejandro Escovedo, Sala El Sol, Madrid (21-03-2017)

Autor: | @adolf_ito

En 2004 cayó en mis manos un disco homenaje a Alejandro Escovedo (era para recaudar fondos para poder pagar los gastos hospitalarios por su hepatitis C, enfermedad que llevaba arrastrando desde hacía bastantes años, hasta que un día colapsó en un escenario). Reconozco que no tenía ni idea de quién era. Sólo me sonaba Pete Escovedo de discos de jazz latino, aunque no sabía si había alguna relación entre ellos. Estaba sorprendido de que no supera nada de alguien al que homenajeaban artistas de americana y rock de raíces como Calexico, Jayhawks, Howe Gelb o Lucinda Williams, y de otros estilos musicales como el mismísimo John Cale o Ian Hunter. Fue entonces cuando me puse a investigar y descubrí que era familia de Pete Escovedo, Sheila E y Javier Escovedo (The Zeros), que había comenzado en una banda de punk-rock, y que después había dirigido su sonido hacia el rock de raíces principalmente.

En 2012 tuve la ocasión de verle en vivo en el Matadero de Madrid (se celebraba el Día de la Música) y fue entonces, en aquel estupendo concierto, cuando quedé definitivamente prendado de su música.

El pasado lunes en la sala El Sol volví a ver a Alejandro Escovedo, en esta ocasión acompañado de la estupenda banda italiana Don Antonio, presentando su nuevo trabajo Burn Something Beautiful (producido por Peter Buck (REM) y Scott McCaughey (The Minus 5), y con colaboraciones de John Moen (The Decemberists), Colin Tucker (ex–Sleater-Kinney), o Steve Berlin (Los Lobos)).

Había salido temprano de casa y llegué demasiado pronto a la puerta de la sala El Sol. Allí estaban Alejandro Escovedo y su mujer. Estuve hablando con ellos sobre su anterior visita y otros temas, y descubrí que, aparte de un gran músico, él y su mujer son encantadores (me invitaron al concierto, pero ya tenía photopass y había comprado una entrada para el amigo que me acompañaba). Me despedí de ellos para ir a tomar algo antes del concierto, mientras pensaba en cómo era posible que alguien que ha compartido escenario con Springsteen, que compone canciones fantásticas, que escribe letras tan buenas como la de Fall Apart With You (“she says her first love was her last / so she cries when she hears Johnny Cash”, una frase perfecta que me retrotrae al “Roy Orbison is singing for the lonely / hey that’s me and I want you only” de la inmensa Thunder Road de Bruce Springsteen), no es una estrella y no llena locales más grandes (la historia de la música está llena de casos similares).

Ya en la sala, tocaron primero Don Antonio, la banda que lo acompaña, con un sonido en ocasiones muy Morricone. Tras un breve descanso y cambio de indumentaria, salió Alejandro Escovedo al escenario de una llena sala El Sol que, desde el principio, estuvo entregada al músico de San Antonio, Texas. El repertorio se centró en sus tres últimos trabajos (los dos anteriores de la mano de Chuck Prophet y de Tony Visconti), aunque también interpretó alguno de sus clásicos como Castanets. Dedicó Sister Lost Soul, compuesta junto a Chuck Prophet, a Chuck Berry, del que dijo que sin él no hubiese existido el rock and roll. Cuando le llegó el turno a Bottom of the world, nos contó lo duro que resultaba pasar de vivir en Austin, Texas a hacerlo en Dallas, Texas; y dedicó la preciosa Down In The Bowery a su hijo Diego, del que comentó que también es músico (hace una mezcla de punk, rock y rap) y al que tuvo la mala idea de preguntarle qué opinaba de su nuevo disco: “es música para viejos, papá”.

El momento más emotivo de la noche llegó con Sally Was A Cop. Al presentar esta canción nos contó la historia de su familia, una historia de emigrantes en Estados Unidos, y aprovechó para atacar duramente a Donald Trump (mientras hablaba, no paraba de mover las manos nerviosamente y de jugar con sus anillos; estaba realmente emocionado). Y poco después llegó el primer cierre de su actuación con Always A Friend, una canción que interpretó en vivo en varias ocasiones junto a Bruce Springsteen. En los bises aún hubo tiempo de comprobar que también es un excelente crooner, con una versión impresionante de A Thousand Kisses Deep, uno de los mejores temas del álbum de Leonard Cohen Ten New Songs (2001).

La del pasado lunes fue otra excelente noche que quedará en el recuerdo de todos, y que me ha dejado con ganas de escuchar en bucle todos los discos de Alejandro Escovedo. Habrá que verlo de nuevo en vivo lo antes posible.

Fotos: Adolfo Añino

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