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Tres caras: cine protesta

Autor: | @JorgeABertran

Jafar Panahi convierte de nuevo su coche en el escenario de su película, o más bien, en la cámara desde la que, como director, rueda una historia que ocurre en el asiento del copiloto que ocupa su protagonista, la actriz Behnaz Jafari (como ella misma). Tres caras se ve desde la ventanilla del coche de Panahi y lo que nos muestran dentro de ese marco, aparentemente tan limitado, es algo tan grande como un país, Irán, y su gente. Algo que se ha convertido en el tema principal de la obra de Panahi -también en Taxi Teherán (2015)- tras ser condenado a no poder hacer cine durante 20 años, porque sus películas ‘atentan’ contra el sistema. Esas limitaciones le obligan a tener un rigor maravilloso en esta película. La confusión entre realidad y ficción -todos los intérpretes hacen de sí mismos, el uso de actores no profesionales- juega su favor y le da un realismo documental al film que resulta muy poderoso. Plantear la película desde un coche obliga a ingeniar soluciones de planificación muy interesantes, a jugar con el punto de vista y el fuera de campo de forma muy estimulante, a obligarse a contar esta historia respetando la unidad de espacio -aunque sea una road movie– y tiempo -ocurre prácticamente en tiempo real, y la forma en la que se va haciendo de noche durante el relato me parece maravillosa-. Panahi hace un retrato de la sociedad iraní -aquí rural, en Taxi Teherán era urbana- a la que pinta amable, pintoresca, pero también de forma muy crítica. Son conservadores, machistas y retrógrados: prefieren pitar desde sus destartalados coches antes que ensanchar una carretera. Eso, además de estar alarmantemente anclados en un pensamiento mágico. Este es el marco que sirve de trasfondo a la historia de tres mujeres: la mencionada Behnaz Jafari, la joven Marziyeh Rezaei y la veterana estrella Shahrzad, que también tiene prohibido hacer cine. Estas tres mujeres, en realidad, son la misma en diferentes momentos de una vida y personifican lo que tienen que sufrir las artistas por la mala fortuna de haber nacido en la sociedad antes descrita.

Ganadora en Cannes del premio al mejor guión, es admirable cómo Panahi habla de la represión sin entrar nunca en el territorio de lo político.

 

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