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Todos lo saben: los secretos

Autor: | @JorgeABertran

Detrás del retrato de una familia, recreado a la perfección en Todos lo saben, encontramos un emocionante thriller. O también se puede decir que la historia de una misteriosa desaparición sirve al director Asghar Farhadi -ganador reciente de dos premios Oscar por Nader y Simín, una separación (2011) y El viajante (2017)- para hablar de la naturaleza humana, que debe ser la misma en todos los sitios, porque el iraní radicado en París nos retrata, a los españoles, a la perfección.

Farhadi se apoya en un reparto con algunos de los más destacados actores de nuestro país -que también son los de mayor proyección internacional-. La mejor vuelve a ser Penélope Cruz, como madre desesperada, pero también están Javier Bardem, Eduard Fernández, Elvira Mínguez, Bárbara Lennie, Inma Cuesta y, además, el argentino Ricardo Darín. Imposible no creerse a unos personajes con estos intérpretes. Pero lo que más admiro de la película es cómo su guión nos cuenta la vida, los preparativos de una boda en un pueblo, los reencuentros familiares, los cotilleos, de una forma tan pasmosamente natural, que alguno podría decir que no está pasando nada. Pero esta idea es falsa: ese costumbrismo esconde una asombrosa ingeniería de guión que plantea la historia y los personajes con una economía dramática apabullante: nada sobra, cada momento aparentemente trivial será recordado luego para justificar los tremendos giros argumentales, que los hay, incluyendo el desenlace y la identidad del culpable de los hechos que desencadenan el drama. Un conflicto de crónica negra en la España rural que sirve para desenterrar viejos rencores, odios mantenidos durante años por la penuria económica -el auténtico motor de toda la miseria humana- que el director y guionista enraíza en algo tan primordial como la posesión de las tierras, el enfrentamiento entre los que poseen y los que trabajan, la codicia, el racismo del miedo a los de fuera, en fin, lo peor de todos nosotros.

Farhadi habla también del amor verdadero (y trágico), de la lucha de clases, de infiernos personales y de la fe salvadora que nadie se cree. Y sobretodo, habla del peso de una sociedad invisible en la que los secretos, lo no dicho, puede destruirnos, nos mantiene atados, temerosos, solitarios, infelices. Uno de esos secretos dispara la historia, y el desenlace, inevitablemente, será otro de esos secretos que todos saben.

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