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The Punisher – Veteranos de Guerra

Autor: | @JorgeABertran

The Punisher mola. La serie sobre “el Castigador” renueva el interés por las ficciones de Marvel Studios en Netflix, tras los traspiés de Luke Cage, Iron Fist y The Defenders. El antihéroe recupera los elementos positivos de Daredevil y Jessica Jones: realismo urbano, tono adulto y unos pocos personajes bien trazados. Lejos del despliegue de efectos especiales de Marvel en el cine –Los Vengadores, Doctor Extraño, Spider-Man– estos superhéroes televisivos se mantienen a pie de calle, luchando con criminales de poca monta, antes que con supervillanos con ansias de dominar el mundo. Frank Castle, Punisher, ni siquiera tiene superpoderes, más allá de su pericia con las armas de fuego y en el combate cuerpo a cuerpo. Tras ser lo mejor de la segunda temporada de Daredevil -entonces era el villano- el justiciero protagoniza su propia historia, que, cómo no, profundiza en sus orígenes. Todos los superhéroes Marvel de Netflix cargan con el peso de su pasado y los flashbacks suelen ser un recurso narrativo recurrente. De hecho, esta The Punisher sigue fielmente la fórmula de los personajes que le han precedido: nos cuentan la historia de su origen, nos presentan a los secundarios, y hay un enfrentamiento principal con un villano que se desvela poco a poco y que tiene más matices que el típico malvado de tebeo. Sin proponer nada nuevo, The Punisher es entretenida, con buenos personajes, conflictos bien desarrollados y un tratamiento maduro. No se cortan ni un pelo en las escenas de sexo y el clímax, aviso, es ultraviolento y casi excesivo en su despliegue hemoglobínico.

Lo más interesante es la puesta al día con respecto a la versión en papel de 1974 -y a otras adaptaciones-. Aquí Frank Castle –Jon Bernthal nos hace olvidar a Dolph Lundgren, Thomas Janes y Ray Stevenson– es un veterano de la guerra de Oriente Medio -en lugar de Vietnam-. Y el show runner, Steve Lightfoot, convierte esta condición en el tema más importante: el drama de los que vuelven del conflicto y no encuentran su lugar en la sociedad. De este núcleo temático se desprenden la mayoría de los personajes importantes. Curiosamente, la película de Clint Eastwood, El francotirador, aborda un tema similar y los militares protagonistas leen tebeos de Punisher en el frente y decoran sus vehículos con la famosa calavera. Aquí, los conflictos de los veteranos están personificados sobre todo en Lewis (Daniel Webber), antagonista secundario, pero también víctima, cuya problemática es el foco argumental del mejor episodio, Virtue of the Vicious, que desordena el relato utilizando diferentes puntos de vista, al estilo de Rashomon (Akira Kurosawa, 1950) y que aborda, de paso, el problema de las armas en Estados Unidos de una forma nada complaciente.

Otro acierto de este spin-off es el dibujo del protagonista, un solitario que evita el contacto humano, pero no puede dejar de luchar por una buena causa. Nos presentan a un Punisher obsesionado con la muerte de su familia -numerosos flashbacks lo dejan claro- con detalles afortunados como que Castle lea Moby Dick -la comparación con Ahab es obvia-. Todo esto sin rehuir las sombras de su psicología, necesariamente violenta, capaz de torturar a sus enemigos, a sus aliados o de enfadarse de más con su propio hijo. Alrededor del protagonista están otros personajes, como la agente Dinah Madani (Amber Rose Revah) -claramente deudora de Carrie Mathison (Claire de Danes) de Homeland-. Ella establece una relación compleja con el héroe, al que tendrá que perseguir como prófugo de la ley. Mencionemos también al mutilado Curtis (Jason R. Moore) que ayuda a otros veteranos a recuperarse; al excompañero de Castle, Billy Ruso (Ben Barnes) personaje muy importante; al oscuro director Rawlins (Paul Schulze) y a David “Micro” LiebermanEbon Moss-Bachrach de Girls-. La relación con “Micro” humaniza a Frank Castle, como también lo hace la reaparición de la piadosa Karen Page (Deborah Ann Woll) de la serie de Daredevil. Buenos personajes y un puñado de buenos momentos: destaquemos sobre todo la secuencia que utiliza el tema Wish It Was True de The White Buffalo, en la que Castle se enfrenta él solo a una emboscada, en la que su unidad ha caído por culpa de políticos ineficaces con nulo respeto por la vida de sus soldados. El mensaje está claro.

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