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The End Of The F***king World – Smells like teen spirit

Autor: | @JorgeABertran

En Psicosis (1960) el sádico de Alfred Hitchcock hizo que Norman Bates (Anthony Perkins) matase a su protagonista (Janet Leigh). La intención no era solo sorprender -como matar a Drew Barrymore en Scream (1996)- sino algo mucho peor: dejarnos sin un punto de vista narrativo con el que identificarnos como espectadores, obligándonos a ponernos en la piel del psicópata Bates. Hoy, la ficción, sobre todo la catódica está llena de personajes con los que cuesta sentirse a gusto: el violento Tony Soprano, el alcohólico machista Don Draper, el desalmado Walter White o el asesino en serie Dexter. The End Of The F***ing World demuestra que los guionistas actuales ven complicado que nos identifiquemos no ya con un tío majo, sino con una persona normal.

James (Alex Lawther) es un joven psicópata de pulsiones asesinas y Alyssa (Jessica Barden) tiene un comportamiento absolutamente antisocial y perturbado que rompe continuamente con la normas establecidas. Resulta tan imposible identificarse con estos dos, como inevitable es cogerles cariño. Ambos están hartos de un mundo desolador, poblado de personajes extremos: padres imbéciles o incompetentes, padrastros que dan repelús, compañeros de instituto enganchados al móvil, por no hablar de los pederastas y los torturadores en serie que se cruzaran en el camino de nuestros (anti)héroes.

Producida por la británica Channel 4, la serie está basada en un cómic de Charles S. Forsman y se nota: parece prima hermana de las ficciones desencantadas de Daniel ClowesGhost World, Wilson– o Adrian TomineRubia de verano-. Sus 25 minutos por capítulo, multiplicados por 8, bien podrían haberse convertido en un estupendo largometraje de cine indie, con el que comparte sus constantes. Ahí están los protagonistas adolescentes inadaptados, la descripción de un entorno social deprimente -pongamos por ejemplo Ya no me siento a gusto en este mundo, también en Netflix– y un uso destacado y recurrente de una playlist fantástica -con temas pop y canciones originales de Graham Coxon de Blur– para establecer el tono. Estas constantes, nada originales, no impiden que esta serie adaptada por Charlie Covell resulte fresca. El argumento engancha porque la fuga de estos dos chicos se convierte en una huida hacia adelante para escapar de todo: de los padres, del instituto, de la ley y de lo establecido. No hay un plan, no sabemos dónde acabarán y la historia se convierte en una road movie demencial en la que cada capítulo es una parada de estos Micky y Mallory Knox púberes. Y lo más curioso: aunque estamos ante una de las ficciones más amargas y desesperanzadas, nos sentimos entusiasmados tras cada visionado. ¿Cómo no identificarnos con Alyssa y James, cuando coincidimos con ellos en que el mundo está mal y no tiene remedio? ¿Lo mejor? The End Of The F***ing World nunca pacta, no se rinde, no hace concesiones.

 

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