Publicidad

The Disaster Artist: el sueño americano

Autor: | @JorgeABertran

Creo haber leído alguna vez que François Truffaut decía que una película mala, pero honesta, era mucho más valiosa que una obra maestra sin alma. Eso podría explicar el inexplicable éxito de The Room (2003), auténtico bodrio en el que todo, absolutamente todo, falla: un guión sin sentido de diálogos absurdos y actores de segunda, mal dirigidos. Convertida en obra de culto, parece que incluso rentable, habría que preguntarse si su éxito se debe a la pasión de su autor, el misterioso Tommy Wiseau, de origen y recursos económicos -para producir su película- desconocidos. Quizás, la honestidad es la razón por la que The Room tiene miles de fans y los telefilmes de sobremesa no los recuerda nadie.

The Disaster Artist narra la gestación, rodaje y estreno de esta pésima película. Dirige y protagoniza James Franco -en el papel de Wiseau- quien nos habla del “sueño americano”, pero en un sentido inverso: cuando el que persigue el éxito no tiene ningún talento, el resultado no es la gloria, sino la vergüenza ajena. Solo que, esta vez, sabemos que el fracaso estrepitoso ha acabado siendo un logro. ¿Qué quiere decir esto? Quizás que, en una cultura obsesionada con el éxito, hacer “la peor película”, también puede significar ser “el mejor”. Si Ed Wood (Tim Burton, 1994) hablaba de marginados y de arte, The Disaster Artist, contando prácticamente lo mismo, propone un retrato muy diferente de la sociedad que rodea al autor. Ed Wood murió en la absoluta pobreza y sin ningún reconocimiento, mientras Tommy Wiseau se permite un cameo al final de esta película de Hollywood (no salgáis de la sala hasta el final de los créditos).

Vivimos en un mundo de zapping, memes, y vídeos de youtube en el que personajes como Wiseau tienen gracia e incluso son admirados. Una admiración manifiesta en los actores que aparecen al principio de esta película haciendo de sí mismos, o en el cuasi remake que Franco y compañía han hecho de The Room -en una operación de clonación curiosa y similar a la de Gus Van Sant con Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock-. Quizás hay cierta verdad en un film desastroso como The Room, que echamos de menos en los films de Hollywood técnicamente perfectos y trazados milimétricamente por los departamentos de marketing. Quizás con ese espíritu podemos entender la barba falsa, cutre y mal pegada, que lleva el protagonista, Dave Franco, en su papel de Greg Sestero, escudero y víctima de Wiseau, con el que establece una relación de amistad que me hizo pensar en Un loco a domicilio (1996).

To Top