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Sin amor – El fin de los tiempos

Autor: | @JorgeABertran

Sin amor es una de las radiografías más desoladoras que he visto del ser humano. El director ruso Andrey ZvyagintsevLeviatán (2014)- nos cuenta cómo una pareja que se está separando debe afrontar la desaparición de su hijo, Alyosha. La búsqueda del muchacho, narrada de forma metódica, descrita pormenorizadamente en su frío procedimiento, resulta una de las experiencias más angustiosas que recuerdo.

Zvyagintsev y su coguionista, Oleg Negin, deben haberse documentado de forma exigente para narrar esto con una verosimilitud pasmosa, que produce un desasosiego tremendo. Sobre todo porque la mirada sobre los padres protagonistas es inculpatoria. El director describe el comportamiento de estos con el fin de convertirlos en representantes de lo peor de nosotros mismos: egoístas, inmaduros, narcisistas, consumistas. Viven a un móvil pegados, preocupados del qué dirán, temen perder su trabajo/status, y buscan la felicidad en lo que no tienen -en otras parejas, en otros hijos-. No asumen responsabilidades, ni tienen la más mínima autocrítica: son incapaces de verse a sí mismos.

No sé si este retrato amargo se refiere específicamente a Rusia, pero sus paisajes gélidos y los mensajes apocalípticos de sus informativos -el fin del mundo en 2012, la guerra en Ucrania más tarde- son el escenario perfecto para un retrato desencantado de la sociedad. Del desapego y la falta de humanidad que demuestran la mayoría de los personajes de Sin amor, solo se salvan los voluntarios del grupo de búsqueda de niños desaparecidos. Pero su mecánica efectividad -debido a la urgencia de su misión- no proporciona tampoco el más mínimo consuelo. El matrimonio protagonista, Zhenya y Boris, está formado por dos solitarios -a pesar de esas redes sociales que consultan constantemente- que buscan amor ignorando el verdadero vínculo afectivo que ya tienen -el único real en esta vida- el de ese hijo que vive como indica el título de este film nominado a la mejor película extranjera en los Oscar.

Las lágrimas de Alyosha, al descubrirse no querido, son de las más amargas. Personaje principal a pesar de su ausencia, que poco a poco se va haciendo insoportable, la historia de este niño desaparecido, aunque ficción, es una buena razón para abrazar un poco más a nuestros hijos. Por todos los niños sin amor.

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