Publicidad

En realidad, nunca estuviste aquí: a martillazos

Autor: | @JorgeABertran

Es posible que En realidad, nunca estuviste aquí provoque una fuerte impresión en el espectador. Su violencia descarnada, la desesperación de su protagonista, la despiadada mirada sobre la humanidad, seguramente resulten difíciles de digerir. Pero hay una escena que me parece representativa del espíritu de este film sobresaliente -espero que esto no sea un spoiler– en la que dos matones a sueldo, enfrentados, heridos, cantan juntos una canción de la radio, tirados en el suelo de una cocina, cogidos de la mano, esperando la muerte pacientemente. Son enemigos, sí, pero de alguna manera se hacen solidarios ante el fin definitivo. Un momento hermoso extraído de un hecho sórdido y terrible por la directora y guionista Lynne Ramsay -basándose en una novela de Jonathan Ames-.

Ramsay, aplica la mirada del cine de autor a lo que bien podría haber sido un violento film de acción. Esto es importante dejarlo claro, porque la directora de Tenemos que hablar de Kevin (2011) no satisface las expectativas del público. Muestra la violencia de una forma brutal y nunca como una válvula de escape para las frustraciones del protagonista -o de los espectadores-. La violencia es siempre desagradable, anticlimática, el producto de una sociedad corrupta. El resultado de que la vida sea una mierda. Lo que hace Ramsay es prácticamente una puesta al día de una obra maestra como Taxi Driver (1976). Juega casi exactamente con los mismos elementos argumentales: un protagonista a la deriva, veterano de una guerra; una niña prostituida más madura que el héroe, un político corrupto, unas calles podridas. La película de Ramsay, sin embargo, agrega una coartada psicológica, una historia familiar de abusos paternos y una relación madre-hijo que se compara de forma divertida con Psicosis (1960). Pero la gran diferencia con respecto a Taxi Driver es que Scorsese cuenta el descenso a los infiernos de Robert De Niro de forma objetiva, mientras que aquí la directora se deja llevar por los recuerdos de su (anti)héroe, que aparecen como fogonazos torturadores. Ramsay prefiere crear sensaciones a través de los detalles, de lo táctil, que fijarse en lo narrativo. También se vale de mecanismos de distanciamiento: el asalto a una casa que ocurre a través de las imágenes de las cámaras de seguridad; el tiroteo con dos matones que ocurre fuera de campo, como mirando desde las esquinas. En cambio, el clímax del film, producto de la psique del protagonista, se nos muestra brutal y frontalmente en toda su fuerza.

En realidad, nunca estuviste aquí está dirigida de forma inspirada por Ramsay, que crea imágenes potentes, apoyadas en una banda sonora absorbente de Jonny Greenwood de Radiohead. Por último, la película inscribe a Joaquin Phoenix -mejor actor en Cannes- en la lista imaginaria de héroes atormentados abocados a la violencia, junto al hombre sin nombre de Clint Eastwood en la trilogía del dólar de Sergio Leone; junto al mencionado Travis Bickle de Taxi Driver; el Jean Reno de El profesional (León) (1994); el vengativo Dae-su de Oldboy (2003); el silencioso conductor de Driver (2011), todos de pasado escarpado y residente en universos cinematográficos antes que reales. Pero este Joe que hace Phoenix es quizás el más físico y nihilista de todos, el que mejor habla de una soledad insoportable.

To Top