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Parque Jurásico: arqueología emocional

Autor: | @JorgeABertran

El estreno de Jurassic World: el reino caído nos da pie a repasar la saga iniciada por Steven Spielberg sobre la idea de Michael Crichton. Analizo cada película, en orden cronológico según su fecha de estreno, pero es que, lamentablemente, este orden coincide con el de la calidad de las películas. ¿Podrá Juan Antonio Bayona revertir la tendencia a que cada secuela sea un poco peor que la anterior? Esperemos que sí.

PARQUE JURÁSICO (STEVEN SPIELBERG, 1993)

Era Jurassic Park un sueño hecho realidad. Steven Spielberg haciendo “una de dinosaurios”. ¿Qué podía ser mejor? Nuestros animales prehistóricos preferidos, por fin, en una película de gran presupuesto. En el trasfondo argumental está el síndrome de Frankenstein, un arquetipo de la ciencia ficción que narra el castigo a un científico loco -en este caso el capitalista John Hammond (Richard Attenborough)- que “juega a ser Dios”. Mencionemos el precedente claro en una obra anterior del propio autor de la novela original: en Almas de metal (Michael Crichton, 1973) los robots de un parque temático acaban “rebelándose”. Esta entrega inicial establece las reglas de lo que debe ser una película de Parque Jurásico. La primera es que aparecen niños: la unidad familiar es un tema importante en todas las entregas. La segunda regla jurásica es que un ser humano no puede matar a un dinosaurio. Lo dice el propio director: los dinosaurios son animales, no monstruos. En Parque Jurásico, Spielberg está muy en forma y demuestra un amplio repertorio de ideas que se han convertido en momentos icónicos: el “Bienvenidos a Jurassic Park” de John Hammond; el sense of wonder en la reacción de los paleontólogos al descubrir a los dinosaurios por primera vez; las vibraciones en el vaso de agua que anuncian la aproximación del T-Rex; la pata del mismo depredador que se posa pesadamente sobre el barro; sin contar la emblemática música de John Williams. Es curioso pensar que la película trata sobre un parque de atracciones y adopta la forma -cinematográfica- de uno, convirtiéndose en una sucesión de set pieces. Por último, es inevitable decir que los efectos especiales de Parque Jurásico fueron el comienzo de una nueva era en el cine. Pero también el final. Esta película tiene el papel, algo triste, de haber acabado con las monster movies tal como las conocíamos hasta entonces. Los excelentes efectos especiales digitales creados -por primera vez- por Dennis Muren, confirmaron la extinción del stop motion artesanal. 10/10

EL MUNDO PERDIDO: JURASSIC PARK (STEVEN SPIELBERG, 1997)

El argumento de El mundo perdido: Jurassic Park hace honor a la novela de Arthur Conan Doyle, de la que adopta su título. Un grupo de exploradores encuentra un territorio que se ha mantenido aislado y en el que perviven animales prehistóricos. Como en la famosa Isla Calavera de King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack, 1933) -a la que Spielberg hace un homenaje directo en la escena de los Stegosaurus-. Hay una segunda idea en esta película que aparece apuntada en la novela de Doyle: los exploradores vuelven del mundo perdido con un animal prehistórico que acaba suelto en la civilización. Aquí, el Tiranosaurus Rex campa a sus anchas por las calles de San Diego, lo que permite un guiño a Godzilla (Ishiro Honda, 1954). La idea de trasladar a un monstruo a un parque tampoco es nueva. Ya lo hacían con la famosa criatura de la Laguna Negra en su secuela, La venganza de la criatura (Jack Arnold, 1955). Por último, la captura de la cría del dinosaurio tiene un precedente claro en Gorgo (Eugène Lourié, 1961). Semejante cantidad de referentes me parece suficiente para que una película sea, al menos, simpática. A esto hay que sumarle unos efectos especiales difíciles de superar y a un genio como Spielberg tras la cámara. Sin embargo, esta secuela ha tenido detractores y en ese sentido es a la saga de Parque Jurásico lo que Indiana Jones y el Templo Maldito (1984) fue a En busca del arca Perdida (1981). En los dos casos se trata de variaciones más oscuras de la idea original: gran parte de El mundo perdido sucede de noche y bajo la lluvia; los dinosaurios son más feroces; las muertes más sangrientas; el protagonista, Ian Malcolm (Jeff Goldblum), más cínico; el antagonista, Peter Ludlow (Arliss Howard), más frío que el entrañable John Hammond. Pero para mí, El mundo perdido es aventura pura. No puedo evitar pensar en los pasajes más entusiastas de Tiburón (Steven Spielberg, 1975) cuando los cazadores se lanzan a la captura de los saurios, en una secuencia homenaje a ¡Hatari! (Howard Hawks, 1962); o que Roland Tembo (Pete Postlethwaite) tiene mucho del John Wilson de Cazador blanco, corazón negro (Clint Eastwood, 1990). El Mundo Perdido es de nuevo una película estructurada en set pieces con el espíritu de un parque de atracciones: la mejor es la del remolque que cae por un barranco. Por último, esta secuela continúa -y confirma- las reglas de Parque Jurásico. Hay una niña, Kelly (Vanessa Lee Chester) que junto a la pareja de Malcolm y Sarah (Julianne Moore) acaban formando una unidad familiar. Y a pesar de la gran cantidad de cazadores, ningún dinosaurio muere a manos del hombre -utilizan dardos tranquilizantes- lo que obliga a inventarse un final en el que el Tiranosaurus Rex es capturado sin sufrir daño. Todo lo contrario, es el animal el que se come al capitalista, el verdadero monstruo. 8/10

PARQUE JURÁSICO III (JOE JOHNSTON, 2001)

Si creéis que vais a leer aquí que la tercera entrega de Parque Jurásico es la peor de la saga, estáis muy equivocados. Tampoco hace falta decir que Joe Johnston no es Steven Spielberg. Pero que sepáis de entrada que este director es de los míos: Cariño, he encogido a los niños (1989), Rocketeer (1991), Capitán América: El primer vengador (2011). De Parque Jurásico III, solo hay que decir que cuenta más o menos lo mismo que las dos películas anteriores, en apenas 92 minutos. Las set pieces se suceden sin descanso: el ataque del nuevo Spinosaurus; el avión que se estrella y se queda colgado de un árbol; la estupenda pelea con el Tiranosaurus Rex; el robo de un huevo de velocirraptor; el encuentro con el niño perdido; el atmosférico episodio en el nido de los pterodáctilos. Si eres fan de los dinosaurios, no se puede pedir mucho más. 7/10

 

JURASSIC WORLD (COLIN TREVORROW, 2015)

En Seguridad no garantizada (2012), Colin Trevorrow dirige una comedia romántica que solo gracias a su último plano se inscribe en el género de la ciencia ficción. Específicamente en la vertiente ochentera de Regreso al Futuro. En la película hay un personaje, Jeff (Jake Johnson), que emprende un viaje en el tiempo sin necesidad de una máquina: intentaba reencontrarse con su amor de instituto. La realidad le enseñará que la nostalgia casi nunca resiste el paso del tiempo. En Jurassic World, Trevorrow recupera a Jake Johnson como actor y le convierte de nuevo en un nostálgico –friki– pero del Parque Jurásico original. La cuarta película de la franquicia se erige sobre los fósiles del primer film. Volvemos a ver la puerta del parque; Claire (Bryce Dallas Howard) dice lo de “Bienvenidos a Jurassic World”; el dispositivo para atraer al TRex vuelve a ser una cabra indefensa; visitamos los laboratorios en los que reaparece el doctor Henry Wu (BD Wong); y hay un conflicto entre la rentabilidad, la seguridad del parque y la moralidad de revivir animales extintos. En este sentido es interesante el discurso de Claire, que asegura que la gente ya no está interesada en los dinosaurios y quiere ver “algo más”, lo que lleva a la experimentación genética y a un nuevo villano, el Indominus Rex. Inevitable leer esto en clave autoconsciente: los espectadores necesitamos también algo diferente en una secuela. La reverencia hacia la primera película se hace evidente cuando los jóvenes protagonistas vuelven a las ruinas del complejo en el que ocurrió el clímax de aquella. Los adolescentes reparan nada menos que un jeep -el mismo que usó Hammond- con el que consiguen escapar y salvar la vida. La nostalgia también está presente en el crío protagonista: Gray (Ty Simpkins) es un fanático de los dinosaurios de la “vieja escuela”: al principio aparece mirando diapositivas de una película en stop motion. Gray vive la experiencia del parque con un entusiasmo contagioso y, además, critica la existencia del Indominus Rex: “eso no es un dinosaurio”. Por último, el clímax recrea el de Parque Jurásico (1993) al enfrentar a los propios dinosaurios entre sí, aunque aumentando el número de animales implicados. Claire utiliza una bengala -copiando los gestos de Alan Grant– para rescatar del olvido al verdadero héroe de la franquicia. El Tiranosaurus Rex vuelve a rugir como si fuera uno de los resucitados héroes de acción de Los mercenarios (Sylvester Stallone, 2010). 6/10

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