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Mindhunter: cuando miras al abismo

Autor: | @JorgeABertran

Mindhunter es una maravilla macabra que aborda un tema tan manido como el de los asesinos en serie, desde una perspectiva original y sin concesiones a los excesos sangrientos. Es esa decisión, la de no mostrar gráficamente los crímenes, lo que la hace todavía más perturbadora. Detrás de la propuesta aparece nada menos que David Fincher, uno de los mejores directores estadounidenses actuales, conocido sobre todo por Seven (1995) y El club de la lucha (1999), pero cuya auténtica obra maestra probablemente sea Zodiac (2007). Su género más representativo es seguramente el thriller y la figura del psicópata es sin duda importante en su filmografía. Por eso no es de extrañar que Fincher produzca esto -ya lo hizo con la cancelada House of Cards– y además dirija cuatro episodios brillantes.

Creada por el guionista Joe PenhallLa carretera (John Hillcoat, 2009)- la serie nos sitúa a finales de los años setenta, cuando un agente del FBI comienza a desarrollar técnicas psicológicas para entender los motivos de un nuevo tipo de crímenes, perpetrados por los que ahora conocemos como asesinos en serie. Esto equivale a sumergirse en lo más oscuro del alma humana. Si he hablado de Zodiac, es porque aquí también se aborda esta temática de una forma intelectual antes que espectacular. Si en aquella nos contaban una investigación periodística, aquí presenciamos el desarrollo de métodos policiales para enfrentarse a los psicópatas. No veremos nunca los asesinatos, más que a través del relato de los policías, o de los propios homicidas. La sangre solo aparece en las perturbadoras fotos de la escena del crimen de cada caso. Fincher es un maestro y lo demuestra cuando esas mismas fotos resultan más inquietantes que la violencia explícita de cientos de películas nacidas a rebufo de El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991).

Mindhunter está basada en el libro homónimo de John Douglas y Mark Olshaker, siendo el primero el agente del FBI que comenzó a trazar perfiles de los asesinos para conseguir atraparles. Douglas ha servido de inspiración para el Jack Crawford de las novelas de Thomas Harris sobre Hannibal Lecter; para el Will Graham de la serie Hannibal y ahora es el modelo del agente especial Holden Ford (Jonathan Groff). Esta base biográfica se traduce en una ficción perturbadora y verosímil en la que los policías, más que resolver casos, realizan una investigación académica, que se basa en entrevistar a los psicópatas que ya han sido apresados por este tipo de crímenes. Empezando por Edmund Kemper -magníficamente interpretado por el gigantón Cameron Britton, que calca al verdadero psicópata, como podéis comprobar en Youtube-. Kemper resulta inquietante por lo educado, calmado y amigable de sus maneras, que contrastan con sus palabras, que desvelan una oscuridad insoportable. Como he dicho, el argumento se vertebra principalmente a través de estas entrevistas en prisión, que resultan absorbentes, y aunque los agentes encaran algunos casos, estos se resuelven también con interrogatorios similares, en los que intentan penetrar la psicología del asesino en serie, término que ni siquiera había sido acuñado en 1977. Si esto se titula cazador de mentes, es porque la escena del crimen es la cabeza de los psicópatas.

Tras Ed Kemper, conoceremos a un agresivo y poco interesante Monte Rissell (Sam Strike), y luego a otro depredador de peso, Jerry Brudos (Happy Anderson), necrófilo, travesti y fetichista de los zapatos, cuya risa produce escalofríos. Brudos es importante porque las dificultades que pone a los agentes en su entrevista -que se desarrolla en varios capítulos-, afectan a los protagonistas. De hecho, provocan que la serie explore también sus personalidades, planteando claramente que nadie es “normal” y que todos tenemos secretos. Si Brudos escondía sus desviaciones sexuales a su mujer, el agente Bill Tench (Holt McCallany) no comparte con su pareja su vida profesional ni lo escabroso de los casos que enfrenta; el propio Bill y su mujer, Nancy (Stacey Roca), son reservados acerca de los problemas de su hijo adoptado; la colaboradora académica Wendy Carr (Anna Torv) esconde que trabaja para la burocracia estatal del FBI, tanto como su orientación sexual; la novia del protagonista, Debbie (Hannah Gross), consume drogas y se adscribe a la contracultura, a pesar de ser una estudiante dedicada. Gran parte del peso dramático de la serie se centra en cómo afecta la oscuridad de los sujetos de estudio a las vidas personales de los investigadores: Wendy se siente sola e intenta atraer con comida a un gato, igual que Holden Ford busca sonsacar a Brudos con un par de zapatos. Bill Tench intenta mantener separado su trabajo de su vida familiar, pero la maldad se cuela por rendijas insospechadas: la canguro encuentra la foto de una víctima asesinada bajo la cama de su hijo pequeño. Resaltemos un episodio que explora las fronteras entre la normalidad y lo perverso, utilizando nada menos que un colegio como escenario, en una historia con ecos de La caza (Thomas Vinterberg, 2012) y que habla de la famosa tríada homicida.

Mindhunter propone que, para atrapar a un monstruo, hay que convertirse en otro, o alimentar el que todos llevamos dentro. El protagonista, Holden Ford, es un “buen tipo” que parece no tener un lado oscuro y que experimenta la evolución más interesante de esta primera temporada, adquiriendo poco a poco parte de la oscuridad de los criminales a los que se enfrenta, sirviéndose de esta para cazarles. Escribió Nietszche que “quien con monstruos lucha, cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”

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