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La noche devora el mundo: no soy leyenda

Autor: | @JorgeABertran

¿Quién ha dicho que el cine de zombies está agotado? Yo mismo. En los últimos años se han producido decenas de películas -y series- sobrepoblando un subgénero del terror que no era precisamente virgen. Desde la seminal La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero hasta la televisiva The Walking Dead (2010), hemos visto de todo. Pero La noche devora el mundo merece la pena: es fresca, ingeniosa, tiene humor, buenas ideas y algunas estupendas secuencias de tensión.

Película francesa firmada por Dominique Roche, trasciende enseguida una premisa de cortometraje: ¿Qué pasaría si el Apocalipsis zombie nos pilla en casa de una exnovia? Tras esto, el argumento se convierte en un Soy leyenda -de Richard Matheson– de andar por casa -y en París- que está francamente bien. El héroe, Sam -estupendo Anders Danielsen Lie- sostiene solito la película -no tiene con quién hablar- y ver sus estrategias para sobrevivir como el único hombre vivo en una tierra devastada, es francamente entretenido. Sin grandes despliegues de efectos especiales o maquillaje, la película consigue transmitir la sensación de soledad, aislamiento y pesadilla ante la amenaza exterior. Que el héroe sea músico es una gran idea: el mundo se ha convertido en un lugar silencioso para un tío que había ido a casa de su ex para recuperar sus cintas de cassette favoritas. Mencionemos también la magnífica idea de un concierto para un público muerto: pura rabia y frustración.

La noche devora el mundo se parece más a Zombies Party (2004) que a La noche de los muertos vivientes (1968) y eso está muy bien: ambas proponen un conflicto personal, el tránsito a la madurez, enmarcado en un escenario fantastique. Además, es la oportunidad de ver a Denis Lavant convertido en muerto viviente.

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