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La Llamada: cuestión de fe

Autor: | @JorgeABertran

Con una premisa irresistible, una niña reguetonera tiene visiones de Dios en un campamento de monjas- es una pena que La llamada no vaya más allá de su planteamiento. Su desarrollo argumental parece más propio de un cortometraje: a la mencionada protagonista, María Casado (Macarena García), no le ocurrirá mucho más que eso: ver a Dios, eso sí, cantando “por Whitney Houston”. Interpretado por Richard Collins-Moore, el Señor, tiene su gracia la primera vez que aparece, pero a la tercera canción de la Houston resulta bastante cansino. Es este el resumen de lo peor de la película: agota sus chistes rápidamente y es un musical de canciones que, quizás, no te gusten: empezando por la mencionada cantante de El guardaespaldas (1992), cuyos temas funcionan con su fantástica voz, pero versionados dejan mucho que desear; luego está el electro latino de Henry Mendez y de la canción con la que las protagonistas aspiran a ser estrellas -un monumento a la vergüenza ajena-; y además, la banda sonora original compuesta -y cantada- por Leiva. La música es cuestión de gustos, pero estáis avisados. Juega en contra del film de Javier Ambrossi y Javier Calvo su origen teatral. El guión se compone de escenas de diálogos, casi siempre entre dos personajes, lo que acaba resultando desangelado: a pesar de la excusa argumental que lo justifica, se intuyen razones presupuestarias. Lo mismo ocurre con los números musicales, no precisamente virtuosos, y siempre de solistas o dúos. Se echa de menos una coreografía en la que bailen… más de dos. La historia tiene apenas seis personajes, y, sin embargo, no profundiza en ellos. El argumento evita el conflicto, encima, separando a sus escasos actores: habría sido más interesante confrontar las diferencias de las amigas, María y Susana Romero (Anna Castillo). Otro problema es que los personajes no hacen nada, simplemente esperan a la siguiente escena para recitar sus diálogos. Y mientras la protagonista progresa poco, otros evolucionan de golpe y porrazo: las transformaciones de Susana y de la hermana Milagros (Belén Cuesta) son, como poco, forzadas. A pesar de todo esto, hay que decir que en su conjunto La llamada tiene gracia, tiene carisma. Las actrices principales Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta y Gracia Olayo, están divertidísimas, gracias a unos diálogos costumbristas con chispa. Los más secundarios, María Isabel Díaz y Secun de la Rosa, también están muy bien. Pero a esta comedia le falta mala leche: no hay un solo chiste a costa de la Iglesia, ni sobre el machismo del electro latino. Tampoco tiene por qué haberlo. Y a pesar de que hay drogas, sexo y cachondeo con la figura de Dios, no habría estado mal un poco más de transgresión.

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