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Glass: el amanecer del superhéroe

Autor: | @JorgeABertran

Tras el inmenso éxito de El sexto sentido (1999) M. Night Shyamalan realizó en el año 2000, El protegido, quizás la primera decepción para el gran público, que esperaba una repetición de aquella película. Pero para muchos otros, aquella se convirtió en la mejor película de un director cuya carrera iría perdiendo progresivamente el favor de las audiencias, sobre todo a partir de la magnífica La joven de agua (2006), y hasta tocar fondo con After Earth (2014).

El protegido utilizaba el giro final que se ha convertido en seña de estilo de Shyamalan para, como de costumbre, hacernos replantearnos la naturaleza del relato que hemos presenciado. Una historia de misterio de corte fantástico se convertía literalmente en un tebeo de superhéroes, abrazado en toda su inocencia -el punto débil de David Dunn (Bruce Willis) es el agua- pero apostando estéticamente por un absoluto realismo. El protegido hacía gala, además, de una narración descomprimida que convertiría cada pequeño instante del argumento en un evento trascendental. Si en un comicbook clásico el origen del héroe queda resuelto en la primera página, aquí se necesita de un largometraje entero para presentar al protagonista y a su villano. 18 años después, Shyamalan ha resucitado su carrera con películas tan simpáticas como la terrorífica La visita (2015) y con un nuevo éxito comercial como Múltiple (2016), cuyo giro final revelaba que habíamos visto una historia enmarcada dentro del universo narrativo de El protegido. Algo así como el ‘shyamalaverso’. Pero otras cosas han pasado en estos 18 años. Si en aquel año 2000 apenas comenzaba a surgir el cine de superhéroes con X-Men (Bryan Singer, 2000) –Spider-Man llegaría en 2002- hoy ya hemos visto El caballero oscuro (2008), Vengadores: Infinity War (2018), y Black Panther ha sido nominada a la mejor película en los Oscar. ¿Qué puede aportar entonces Glass al subgénero? La película no deja de utilizar la fórmula Marvel, consistente en presentar a héroes en largometrajes individuales, para luego juntarlos en una sola película-evento. Pero en manos de Shyamalan la propuesta se convierte en algo diferente al puro espectáculo, algo original y muy interesante.

Retomando la historia de El protegido y Múltiple para desarrollarlas y enfrentar a sus personajes principales, Glass se centra en un tercer vértice, Mr. Glass (Samuel L. Jackson), que servirá como eje del relato y ‘mente maestra’ en las sombras. Pero, además, resulta clave la presencia de Sarah Paulson, que como la doctora Ellie Staple, se dedica a psicoanalizar a los tres personajes superhumanos, lo que conlleva el cuestionamiento de los arquetipos de los tebeos de superhéroes. Shyamalan se dedica constantemente a poner en duda lo que debe pertenecer al mundo real y al de los tebeos, en un juego maravilloso, que, junto a su elegante puesta en escena, hace que la película sea muy disfrutable. Varios giros sorpresa redondean una historia que huye de los despliegues de efectos especiales, sabedora de que no juega con las mismas cartas que Marvel o DC.

Lo que propone Glass es una mirada de autor sobre el universo ficticio de los héroes enmascarados, que, además es una mirada de amor que huye del desdén y la superioridad.

 

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