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FEUD: American Hollywood Story

Autor: | @JorgeABertran

La única pega que se le puede poner a una obra como Feud es la sensación de que su principal autor, Ryan Murphy, pueda estar buscando el reconocimiento con una historia seria, apartándose de un género poco respetado, el terror, que le había reportado ya el éxito con American Horror Story. ¿Podemos leer entre líneas que Feud es una reivindicación de Murphy sobre cómo Hollywood obliga a sus artistas a repetir fórmulas de éxito antes que arriesgarse a crear? Resulta llamativo que los personajes de esta miniserie de 8 capítulos se refieran a ¿Qué fue de Baby Jane? (1962) precisamente como una película de terror, de serie B -que seguía la estela de la obra maestra de Alfred Hitchcock, Psicosis (1960)- siendo la gestación de este film la base de la historia creada por Murphy junto a Jaffe Cohen y Michael Zann. En Feud -feudo en su acepción de enemistad- dos mitos de Hollywood, Bette Davis y Joan Crawford, se enfrentan durante el rodaje de la mencionada película. Ambas son interpretadas por grandes actrices, Jessica Lange (tras resucitar su carrera precisamente gracias a AHS) y una Susan Sarandon de asombroso parecido con la Davis. Catherine Zeta-Jones como Olivia de Havilland y Kathy Bates como Joan Blondell aparecen de vez en cuando como narradoras, entrevistadas en un (falso) documental sobre las mencionadas actrices, ficción dentro de la ficción, en una fórmula ya ensayada en American Horror Story: Roanoke. Y es que Feud es sin duda una extensión de las estrategias y de los temas recurrentes de la antología de terror creada por Murphy y Brad Falchuk.

Como en cada entrega de American Horror Story, Feud trasciende su propuesta inicial casi enseguida: a mitad de temporada, el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? se ha terminado. La pelea de gatas de dos actrices veteranas no es más que el morboso gancho para hablar de otras cosas. El primero de esos temas es el show business y sus cotilleos, las miserias de la fama, un tema marginal -pero siempre presente- en AHS y que aquí pasa a primer plano, con dos viejas glorias como Bette Davis y Joan Crawford luchando por sobrevivir en un Hollywood que solo quiere jóvenes guapas -ahí está el guiño a Marilyn Monroe (Alisha Soper)-. Es interesante que la historia las presente al mismo tiempo como víctimas, como talentosas mujeres despreciadas por un sistema machista, pero también como divas egoístas, inseguras, infantiles, con múltiples adicciones y capaces de todo. Obviamente, hay en esta serie una carga feminista. Las dos intérpretes representan en la pantalla a mujeres fuertes y en la vida real son madres solteras que se rebelan contra los grandes estudios, aunque sus esfuerzos sean dinamitados por sus propios fallos personales -la ambición de Davis, las inseguridades de Crawford- sus muy humanas adicciones -fuman y beben más que los protagonistas de Mad Men– pero también hay otras fuerzas que las utilizan. Los grandes estudios –Stanley Tucci como Jack Warner– se aprovechan del enfrentamiento entre ambas para sacar tajada; el frustrado director Robert Aldrich (Alfred Molina) intenta extraer arte de sus rencillas -aunque se acuesta con una de ellas en cuanto puede-; la gran cotilla de Hollywood, Hedda Hopper (Judy Davis), se recrea en la guerra entre las dos mujeres por el morbo, defendiendo una falsa moral y representando una clara falta de solidaridad femenina. Hay otro estupendo apunte feminista: la ambición de la ayudante de Aldrich, Pauline Jameson (Alison Wright), de dirigir su propio proyecto en un Hollywood machista que no dejaba a sus mujeres “coger el megáfono”, sin olvidar las impagables conclusiones de “Mamacita” (Jackie Hoffman) sobre cómo cambian los tiempos en cuanto a la igualdad de géneros.

Estos motivos principales se complementan con temas menores -también vistos en AHS– como la homosexualidad perseguida -recordemos AHS: Asylum– personificada en el delicioso personaje de Victor Buono (Dominic Burguess) (¿Le recordáis como el afectado Rey Tut de la serie de Batman de los años 60?). También están presentes los conflictos de la maternidad -claves para entender AHS: Hotel-: descubrimos la infancia de Crawford y su intento de subsanar los errores cometidos con su primera hija, con sus gemelas adoptadas; o la indiferencia de Bette Davis hacia su hija discapacitada o cómo afecta su fama la vida de B.D., interpretada por Kiernan Shipka, la que fuera hija de Betty Draper en Mad Men. Otra subtrama importante es la protagonizada por Robert Aldrich, que incluso roba el protagonismo de las dos grandes en algún momento, en su lucha por dejar de ser un artesano de Hollywood -que tiene que sufrir humillaciones de un Frank Sinatra (Toby Huss) con aires de mafioso- y convertirse en un artista por derecho propio -las comparaciones constantes con John Ford son odiosas-. Hay mucho de la trastienda de Hollywood en Feud: la interesantísima entrega de los Oscar de 1963, en la que se muestran todas las sombras de unos premios que tienen mucho de amiguismo y de manipulación. And the winner Is… es el mejor episodio de la serie, el más emocionante, -con la aparición de la habitual de AHS, Sarah Paulson, como una nominada Geraldine Page-. Recomiendo no revisar quién ganó la estatuilla en la vida real para disfrutar de cómo aumenta la tensión hasta que se anuncia la ganadora. Dirigido por el propio Murphy, este capítulo incluye un lujoso plano secuencia por las bambalinas de la gala, que es una modesta maravilla. Ya hacia el final, Hagsploitation -un título que le vendría al dedillo a AHS– reincide en esta visión desencantada del entretenimiento -genial la idea de que John Waters interprete a William Castle– una tendencia que se mantiene en el desenlace, cuando el rodaje de Trog (Freddie Francis, 1970) -película esperpento sobre un troglodita, que reutiliza la máscara de uno de los simios de 2001: Una odisea del espacio (1968)- representa el descenso de Joan Crawford a los “infiernos” de la serie Z, en un pasaje que me ha hecho pensar en el Bela Lugosi de la magistral Ed Wood (Tim Burton, 1994). Es en su tramo final cuando la propuesta de Feud se vuelve más dramática, más seria e incluso algo pretenciosa, cerrando su historia con un final poco inspirado, un defecto heredado, también de AHS. La siguiente temporada se centrará, sorprendentemente, en el divorcio de Lady Di y Carlos de Inglaterra.

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