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Expediente X, temporada 11 – Despedida

Autor: | @JorgeABertran

La temporada número 11 de Expediente X, estrenada 25 años después del piloto, ofrece un posible final para la historia de los agentes Mulder y Scully. Esta tanda de episodios es francamente irregular, con algunos capítulos muy deficientes, pero también con entregas que me han parecido estupendas y hasta me han entusiasmado.

My Struggle III, como su poco original título indica, estamos ante una continuación de los dos episodios que abrían y cerraban la temporada anterior. Escrito y dirigido por el padre de los X-Files, Chris Carter, su principal virtud y su mayor defecto es que parece que no han pasado los años por las aventuras de los agentes del FBI, Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson). Si los dos capítulos antes referidos fueron los peores de esa primera tanda del regreso de la serie a las pantallas de nuestros televisores, este es más de lo mismo. Pero al menos, ya estamos avisados. Carter sigue escribiendo tramas que giran concéntricamente en torno a las conspiraciones del Fumador (William B. Davis), con las que asistimos ahora a una simpática revisión de la historia de Estados Unidos -en plan JFK Caso abierto (Oliver Stone, 1991)- a la que hay que sumar elementos de soap opera -esto casi parece Star Wars (George Luces, 1977)- sobre hermanos perdidos, paternidades ocultas y el mencionado fumador convertido ya en un abuelo Darth Vader. Carter imprime velocidad a su guión -quizás para ocultar carencias- pero el bajo presupuesto se nota -a pesar de una persecución de coches, más bien torpe- y el episodio se reduce a tres escenarios y unos seis personajes. Pero hay un sabor a serie B que no es del todo desdeñable. 6/10

Glen Morgan escribe y dirige This, con la solvencia habitual y con la agradable vuelta de los famosos frikis, los Pistoleros Solitarios. Una de las marcas de estilo de Wong, el uso de un tema musical popular para generar tensión, aparece aquí de nuevo: cuando un grupo de desconocidos se acerca amenazadoramente a la casa de Mulder y Scully, escuchando a Los Ramones -cuyas estupendas canciones aparecen durante todo el episodio, como referente estético y filosófico de Richard Langly (Dean Haglund)-. Por lo demás, Morgan actualiza el escenario político en el que se mueven Mulder y Scully, marcado por la presidencia de Donald Trump: el FBI no está de buenas con la Casa Blanca y hay oscuras relaciones con los rusos. 7/10

Plus One es un episodio estupendo. Vuelve a la estructura clásica de la investigación episódica, con su misterio a desvelar y eso es fantástico. Recupera completamente el tono de la serie que vimos en los años 90. Escrito por Chris Carter y dirigido por Kevin Hooks -sin experiencia previa en Expediente X– el argumento habla de los dobles siniestros o doppelgängers. Tiene momentos inquietantes, un derroche interpretativo por parte de Karin Konoval -espectacular- pero lo más importante es la cariñosa forma de mostrar la relación entre Mulder y Scully, de tener en cuenta toda la historia que hay entre ellos. El momento en el que Dana le pide a Fox que le dé un abrazo, es maravilloso. 9/10

The Lost Art of the Forehead Sweat es otra de esas agradecidas desviaciones paródicas de Darin Morgan, autor de episodios como Jose Chung´s from Outer Space (1996) o el reciente Mulder & Scully Meet the Were-Monster (2016). Estamos ante un capítulo absolutamente delicioso, que recupera el gusto de Morgan por los disfraces locos -Mulder camuflado para perseguir a Pie Grande; el extraterrestre con la estética de los 50-. El argumento se basa en el curioso ‘Efecto Mandela’: cuando mucha gente dice tener un recuerdo que resulta ser equivocado o falso -buscadlo, la pierna plateada de C3PO me ha volado la cabeza-. Esto le sirve a Morgan para burlarse de las paranoicas teorías conspiratorias de la serie, para hacer un homenaje a The Twilight Zone y de la cultura popular en general, para hablar de las ‘Fake News’ de la era Trump y, sobre todo, para hacer un comentario crítico sobre la nostalgia: esa gelatina que para Scully es el equivalente a la magdalena mojada en té de Proust, y un examen de conciencia sobre la pertinencia de la resurrección de los Expedientes X. Sensacional. 10/10

Ghouli es un magnífico episodio escrito y dirigido por James Wong -otro veterano de la serie- cuyo planteamiento resulta engañoso: parece hablarnos de la cultura millennial, de redes sociales y leyendas urbanas -como Slender Man– temas en los que Wong tiene experiencia -ha sido responsable de algunas entregas de Destino final-. En realidad, el episodio va de otra cosa, pero hablar de ello significaría un spoiler gigantesco. Apuntemos solo que se afronta un elemento emocional clave en Expediente X, un cabo suelto desde el final de la serie original. Destaquemos el emocionante monólogo de Gillian Anderson y un final sorprendente y redondo. 8/10

Kitten no viene firmado por los autores más conocidos de la serie, aunque tanto guionista como directora tienen experiencia en temporadas anteriores. Quizás por eso este episodio también consigue recuperar las sensaciones de los clásicos, retomando una temática recurrente en la serie de los 90, sobre veteranos de guerra -en este caso Vietnam- y experimentos secretos gubernamentales. La idea detrás de esta temporada es proponer premisas típicas de Expediente X, para luego introducir los conflictos personales de los protagonistas, que dan cuenta de toda la historia que tienen detrás. Aquí, Walter Skinner (Mitch Pileggi) mantiene un bonito intercambio con Mulder y Scully: si bien su carrera en el FBI no despegó por defender a los díscolos agentes, a estos les debe su valentía, idealismo y una rectitud moral que valora bastante más. El capítulo no es el mejor de la serie, pero tampoco el peor. Resaltemos ese casting de Haley Joel Osment. Si ya nos pasamos cada episodio pensando en lo mayores que están nuestros héroes, con el niño de El sexto sentido (1999) ocurre algo similar. 6/10

Rm9sbG93ZXJz podría titularse El ataque de los drones, casi un capítulo de Black Mirror que tiene precedente en otro antiguo episodio sobre inteligencia artificial, Ghost in the Machine (1993). Con un humor sutil, Mulder y Scully se enfrentan a la rebelión de las apps -como en La rebelión de las máquinas (Stephen King, 1986)- en una entrega casi sin diálogos, a la que le falta algo de tensión. Resulta sin embargo simpática y tiene apuntes interesantes: el casoplón de Scully se convierte en una casa embrujada en la que el mal funcionamiento de la tecnología sustituye al poltergeist y Mulder protagoniza la versión dron de la escena más recordada de Los pájaros (Alfred Hitchcock, 1963). 8/10

Familiar es un estupendo episodio que bien podría haber pertenecido a la serie original. Autoconclusivo, presenta un caso, el macabro asesinato de un niño que, lo sabemos nosotros, pero Mulder y Scully lo ignoran, ha tenido unas extrañas alucinaciones con su personaje infantil preferido. La historia no propone nada nuevo, pero conjuga las influencias de la serie: el tono macabro de El silencio de los corderos (1991) en la investigación del asesinato -escena de autopsia incluida-; el misterio situado en un pequeño pueblo, en la onda de Twin Peaks, pero también con ecos de la reciente La caza (2012). Apuntemos además imágenes inquietantes de personajes infantiles y elementos de brujería que sirven para volver a plantear la clásica dinámica entre el creyente Mulder y la escéptica Scully. Como si no hubiera pasado el tiempo. 8/10

Nothing Lasts Forever es uno de esos episodios repugnantes de Expediente X que tanto nos gustaban en los años 90. Lo digo en el sentido de que había capítulos de la serie que se esforzaban en ser desagradables -Leonard, The Flukeman, Eugene Victor Tooms, The Peacock Family– y aquí, el gore, la sangre y el canibalismo están muy presentes gracias a un extraño culto liderado por una estrella televisiva de los años 60, que se enfrenta a una Buffy Cazavampiros inspirada por las películas de Hammer. Esto contrasta con el final intimista entre Mulder y Scully, que los fans de la pareja sabrán apreciar y que resulta muy importante para la serie. 7/10

My Struggle IV cierra la temporada y posiblemente la serie, con Chris Carter, creador de Expediente X, retomando las labores de guión y dirección. Lo que nos lleva a pensar en George Lucas y Star Wars: quizás Carter debería dejar también las riendas de sus personajes en manos más hábiles. Este último capítulo de la ficción que comenzó en 1993 es muy torpe. Carter demuestra de nuevo esa extraña capacidad de generar expectativas, de abrir melones, para luego acabar sin contar nada interesante. Sea como sea, para los fans, este es un episodio obviamente imprescindible y, después de todo, como autor, Carter tiene todo el derecho de acabar su historia en sus propios términos. 5/10

 

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