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En las estrellas: cine de culto

Autor: | @JorgeABertran

Me perdonaréis que hable de forma personal -más que de costumbre- sobre una película como En las estrellas. El segundo film de Zoe BerriatúaLos héroes del mal (2015)- conecta de una forma muy directa con mis sueños, mis miedos, mis películas, mi forma de entender la vida como padre y hasta con mis juguetes.

Este film es la historia de un director de cine arruinado, Víctor, que utiliza la fantasía para evitar que su hijo, Ingmar, tenga que enfrentarse a la dura realidad de su situación económica. Estas historias que el padre cuenta a su hijo están representadas en la pantalla de formas muy imaginativas, como decorados teatrales, el lenguaje del cine mudo, la técnica del stop motion o la animación. Y es que Víctor e Ingmar aman el cine, como se ve que lo ama Berriatúa, que vuelca sus referencias al séptimo arte, desde el padre de todo que es George Méliès y su famoso Viaje a la Luna (1902), pasando por Griffith, Lang, Disney, Fellini, Kubrick, Coppola y George Lucas. Pero el homenaje más presente en la película es el de la octava maravilla del mundo, ese monstruo que es puro cine, el King Kong (1933) de Willis O´Brien. No estamos ante un pastiche, ni ante un cóctel de guiños, sino que estas citas están digeridas, integradas y justificadas. Porque los protagonistas no tienen para comer, pero se alimentan de películas, de libros, de robots de juguete, de fantasía. Lo que ha condenado a Víctor es, en parte, esa pasión cinéfila que le impide integrarse en el sistema y tener una “vida normal”. Pero esa imaginación también es lo que le ha salvado la vida a él, a su hijo y a esta historia de ser el auténtico drama que esconde.

Todo funciona en una película tan modesta como coherente, porque su historia es sencilla, como un cuento, pero está bien narrado, con creatividad e ingenio. Un cuento, además, recreado en la pantalla con una estética preciosa y cuidada. Y si esta fantasía no se queda en las nubes es porque ambos personajes están interpretados por dos actores de una humanidad entrañable: Luis Callejo y el niño Jorge Andreu, este último, de una madurez sorprendente. Ambos hacen de carne y hueso a sus personajes. La dinámica entre ellos es el otro punto fuerte de En las estrellas. La fantasía desbocada de Víctor le hace comportarse como un niño – ¿No lo son todos los directores de cine? – y a veces obliga a su hijo a convertirse en padre: Ingmar llama “Víctor” a su progenitor cuando necesita alejarle de una botella de vodka. Les acompaña Macarena Gómez, que aporta sus peculiares rasgos para imprimir un toque fantástico en cada una de sus apariciones.

En las estrellas es una película maravillosa, para mí el descubrimiento, la gran sorpresa, de lo que va de año.

 

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