Publicidad

El blues de Beale Street – Historia de amor en Harlem

Autor: | @JorgeABertran

Lamentablemente, no creo que Moonlight (2016) sea recordada más que por haber sido la película que le ‘robó’ el Oscar a La La Land (2016), film que tiene unas características -estrellas, temas musicales- que le aseguran una mayor permanencia en la memoria cinéfila de los espectadores. Pero esto no quiere decir que la película de Barry Jenkins no sea una obra magnífica. Es solo que, en esa estúpida categoría mental de ‘mejor película’, parece que solo pueden estar films ‘grandes’. Moonlight y ahora El blues de Beale Street son cintas ‘pequeñas’, que no menores.

De Jenkins me atrapa su capacidad para crear una atmósfera de intimidad con el espectador, que produce la sensación de estar en comunión con lo que se cuenta en la pantalla. Como director, estamos ante un artista de lo sensorial, que logra hacernos sentir sus historias, en la piel, en la punta de los dedos, en los labios. Los personajes de Jenkins son tremendamente humanos y cercanos, muy reconocibles en unas pocas pinceladas. Personalmente, me conmovió -y no olvido- la historia de Chiron en Moonlight, como tampoco creo que olvide la de Tish (Kiki Layne) y Fonny (Stephan James) en esta película. En la gran pantalla hemos visto muchas historias de amor, pero esta cinta necesitaba una pareja con la que pudiéramos identificarnos. Tish y Fonny nos importan, nos preocupamos por ellos. Son tiernos y representan el amor puro. Alrededor de ellos, breves secundarios brillantes, otro punto fuerte de Jenkins: su capacidad para fabricar personajes entrañables -recordemos el Juan, de Mahersala Ali– interpretados aquí por Colman Domingo, Diego Luna, Brian Tyree Henry y sobre todo Regina King, justamente nominada al Oscar como actriz de reparto. También está nominado Jenkins por su adaptación de la novela de James Baldwin. Jenkins se permite ser literario, usa la voz en off de Tish, que sirve de hilo conductor narrativo para una historia episódica, en la que saltamos de una situación a otra, de un personaje a otro. La cinta tiene una tercera nominación a la mejor música original. Firmada por Nicholas Britell -con el que ya colaboró en Moonlight– con aires de blues, Jenkins consigue momentos de fusión perfecta entre la imagen y la música, como el extraordinario uso del tema Eros. El blues de Beale Street reincide en el interés de Jenkins por personajes luchadores, marginados por su raza, por su condición social, por el conservadurismo religioso, que aquí sin embargo aceptan su destino con una solidaridad y un optimismo difíciles de olvidar.

 

To Top