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El Ángel: cuentos amorales

Autor: | @JorgeABertran

Basada en hechos reales, El ángel es la historia de Carlos Eduardo Robledo Puch, condenado a cadena perpetua con solo 20 años en la Argentina de principios de los años 70. Pero cuidado, porque no estamos ante un biopic al uso. El tratamiento de comedia negra que hace el director Luis Ortega, convierte esta película en un entusiasta canto a la libertad, que, si alguno se la toma demasiado en serio, puede parecer incluso irresponsable.

El film sigue el patrón del cine de gangsters clásico: en aquellas, el protagonista realiza todo tipo de fechorías, para luego caer -muerto o apresado- ante las fuerzas del orden, en un final moralista que buscaba ocultar el placer inconfesable que sentimos al ver a un (anti)héroe alzarse por encima de la ley. Esa fantasía de poder, de violencia, sexo y riqueza es lo que vemos en esta película seleccionada en el Festival de Cannes. El protagonista, interpretado por Lorenzo Ferro, es un tipo irresistible: carismático, aniñado y con los labios carnosos del Jean Paul Belmondo de Al final de la escapada (1960). El personaje parece el súperhombre de Nietzsche: sin remordimiento alguno, no le da valor a la propiedad privada, a la moral de su época o a las vidas ajenas. En algún momento afirma que, todo, para él, es como un juego. Esa declaración de intenciones es también la descripción de un psicópata. La película nos hace seguir las andanzas criminales de Carlitos -he pensado en el cine quinqui español de los años 80- por lo que, inevitablemente, nos pondremos de su parte. La película es una fiesta de transgresión e incorrección, que se esmera por llevar las cosas cada vez más lejos: de los robos en casas vacías a los asesinatos gratuitos. El guión no tiene interés en desarrollar un argumento, ni a unos personajes que están condenados desde el principio. Es mucho más libre que eso. Es capaz de detenerse en una actuación musical –Corazón contento por Palito Ortega– o enseñarnos cómo Carlitos quema un coche, solo por el placer de verlo en pantalla. Tiene esta película la extraña capacidad de recuperar la inocencia perdida del cine, de que sus escenas parezcan nuevas. Y sobre todo lo que consigue la historia es entretener a fuerza de encadenar situaciones, de hacernos reír con su sentido del humor negrísimo, y con el ya mencionado carisma de sus personajes. La química entre Ferro y Ricardo ‘Chino’ Darín nos deja con ganas de más, pero también están los secundarios encarnados por Cecilia Roth, Luis Gnecco, Daniel Fanego, Mercedes Morán y Peter Lanzani. Pocas veces tenemos la oportunidad de ver una fauna tan atractiva. Nos quedaríamos a vivir con estos indeseables.

Visualmente estimulante, estéticamente pop y con temas rockeros de los años 70, es imposible aburrirse con El ángel. No busquéis coartadas psicológicas, ni una crítica social. Aunque la sombra de un régimen militar se asome inevitablemente.

 

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