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Daredevil – tercera temporada: ¿el final?

Autor: | @JorgeABertran

Solo nos queda Jessica Jones. Tras cancelar -comprensiblemente- Luke Cage y Iron Fist, Netflix sorprendió a todos eliminando la posibilidad de una nueva temporada de Daredevil. Esto, tras una tercera entrega, la que nos ocupa, que seguramente es la mejor de la serie y probablemente una de las mejores ficciones catódicas sobre un superhéroe. No hay que desesperar. Lo más probable es que el justiciero de Hell´s Kitchen retome su andadura en otra serie de Netflix o en la nueva plataforma de Disney. Veremos. Sea como sea, la serie se despide con muy buen sabor de boca. Para conseguirlo, se ha jugado sobre seguro adaptando la mejor historia jamás contada sobre Daredevil: Born Again. Con guión de Frank Miller y dibujos de David Mazzucchelli -mismo equipo de Batman: año uno (1987) que dio pie a Batman Begins (2005)- aquellos cómics publicados en 1986 nos contaban el descenso a los infiernos de Matt Murdock en su enfrentamiento definitivo con el villano Kingpin. La sombra de Born Again es palpable en el tono de esta tercera entrega de Daredevil en Netflix. Aquí también Murdock (Charlie Cox) se encuentra en su punto más bajo, tras el desenlace de la miniserie The Defenders.

Despojado de casi todo, Murdock debe volver a nacer, mientras se replantea su vida como justiciero y su fe católica, elemento distintivo en este superhéroe urbano y realista. El héroe, que recupera su traje negro -en un giro muy interesante sobre quién hereda el rojo- se enfrenta a un desafío exigente y por lo tanto interesante. Como suele ser norma en las series Marvel de Netflix, su pasado le persigue. Debe exorcizar sus fantasmas y descubrir un secreto sobre su origen. Y como en cada temporada, Daredevil protagoniza una pelea brutal contra decenas de rivales, en un fantástico plano secuencia que ya es una tradición en esta serie. Pero lo interesante es que la destrucción de Daredevil no ha ocurrido por la obra de Kingpin, Wilson Fisk -fantástico Vincent D’Onofrio– sino que aquí el criminal está igualmente hundido, en prisión, y debe también rehacerse. En lugar de la sed de justicia de Murdock, es el amor por Vanessa (Ayelet Zurer) lo que mueve al mafioso. Así, estamos ante el emocionante enfrentamiento definitivo entre un héroe y un villano, que están a la misma altura como personajes. Un enfrentamiento que se ha venido gestando desde la primera temporada de la serie.

Por sí solo, esto bastaría para mantener el interés, pero hay que apuntar más virtudes en la última entrega de Daredevil. Destaquemos sobre todo la fortaleza del reparto alrededor del protagonista. Nunca habían estado así de bien, y de pertinentes, los secundarios. El enfrentamiento entre Karen Page (Deborah Ann Woll) y Kingpin, es estupendo; la carrera política de Foggy Nelson (Elden Henson) no sobra, ni mucho menos. Ambos personajes han crecido en entidad tras dos temporadas -sin contar sus apariciones en otras series Marvel como la de Karen Page en The Punisher-. Por último, hay que alabar la complejidad del otro villano de esta entrega, Bullseye (Wilson Bethel), con la profundidad habitual y la ambigüedad que suelen tener los antagonistas de las series Marvel de Netflix. Los malos suelen ser más interesantes que algunos héroes en estas series, al contrario de lo que ocurre en las películas. Lo que más me ha gustado de Bullseye es cómo sirve para contarnos que solo una fina línea separa al héroe del villano. El estupendo episodio en flashback que narra su origen, es una interesante reflexión sobre que una personalidad psicopática puede convertirse en agente de la ley o en un criminal al margen de ella.

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