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Brawl in Cell Block 99: Jailhouse Rock

Autor: | @JorgeABertran

En Brawl in Cell Block 99 se mezcla una fantasía de poder masculina, propia del cine de género -de acción- con un pesimismo existencial que alcanza el nihilismo y que da pie para hablar de cine de autor. Dirigida con pulso por S. Craig Zahler -autor del western de terror, Bone Tomahwak (2015)- la historia presenta a Bradley Thomas, un traficante de poca monta, alcohólico, violento, que intenta enderezar su vida hasta que llega a la conclusión de que no tiene suerte y decide volver al crimen. A este antihéroe lo interpreta con contundente credibilidad un Vince Vaughn que está que se sale -aquí lejos de sus papeles cómicos y en la línea de la segunda temporada de True Detective-. Como John Wayne -o cualquier tipo duro de los ochenta- Vaughn es un tipo de pocas palabras, golpes lentos y andares cansados, pero cuya presencia llena la pantalla como pocos.

No engaño a nadie, la película es lenta y se desarrolla en un estricto orden cronológico hasta su desenlace. Pero el argumento avanza sin ninguna pausa, nada sobra, en el absorbente descenso a los infiernos de Thomas. Su vida se irá hundiendo en la mierda, sin remedio, hasta llegar al peor agujero imaginable. En este sentido, esta cinta es un claro reflejo de su protagonista que, sin aspavientos, pesadamente, se abre camino a hostias hasta el final. La violencia del film es seca, contundente, con excesos gore de estética grindhouse. Acompañan a Vaughn, Jennifer Carpenter en el rol de una ‘dama en apuros’, pero lejos del estereotipo machista. Un par de veteranos como Don Johnson y Udo Kier, añaden sabor a la mezcla.

En Brawl in Cell Block 99, su título (algo engañoso), el cartel, la cruz tatuada en la calva de Vaughn, remiten al subgénero carcelario más desvergonzadamente exploit. Pero el film está hecho con talento, con medios y sobre todo con mala leche: Zahler coloca la bandera de Estados Unidos en todos los planos que puede.

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