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Aquaman – Todo incluido

Autor: | @JorgeABertran

Fantástico pastiche, Aquaman es el blockbuster perfecto para las nuevas generaciones. Su nulo desarrollo dramático se compensa por la pura acumulación de ideas, situaciones y estéticas que se suceden sin descanso. James Wan se puede calificar como un Sam Raimi en versión comercial: tras cultivar el cine de terror –Saw (2004), Insidious (2010) y Expediente Warren (2013)- Wan hace una de superhéroes -como Raimi hizo Spider-Man (2002)- para asaltar definitivamente el cine de gran presupuesto -recordemos que ya firmó Fast and Furious 7 (2015). Y vaya si lo ha conseguido. Aquaman es un éxito que supera los logros de Wonder Woman (2017) y por supuesto deja mal parados a El hombre de acero (2013), Batman v. Superman (2016), Escuadrón Suicida (2016) y hasta la Liga de la Justicia (2017). De hecho, quizás consciente de esos fracasos y de que no estamos ante el superhéroe más carismático de DC -rescatado recientemente en los tebeos por el guionista Geoff Johns, que aparece acreditado en el film- Wan pone toda la carne en el asador y el pescado también.

Aquaman es por sí sola una trilogía y no deja lugar a la secuela. Me parece imposible hacerla más grande. La película va desde Nicole KidmanAtlanna– a Dolph Lundgren -el rey Nereus-; es Star Wars (1977) y Flash Gordon (1980) a la vez. Es épica y desvergonzada en una oda hortera pero resultona al croma digital, todo con una estética que recuerda el estilo hiperrealista del ilustrador Alex Ross o a la portada de un disco de heavy metal.

Aquaman, parte del relato de superhéroes tradicional y abraza al personaje en toda su historia: desde el rollo desaliñando y badass de Jason Momoa, hasta el uniforme chillón, naranja y verde, más icónico, con guiño al look de rubio ario del personaje clásico, que vemos en su enemigo, Orm/Ocean Master -el actor fetiche de Wan, Patrick Wilson-. Vemos a Aquaman bebiendo cervezas en un bar de moteros, pero también cabalgando caballitos de mar, en una visión totalizadora del personaje que abarca lo más naive -ese pulpo tocando tambores- a lo más oscuro -su conflicto con Manta (Yahya Abdul-Mateen II)-. Además, Wan y sus guionistas asumen las verdaderas raíces de los superhéroes, con referencias a la mitología griega, romana y nórdica -estamos ante un Thor submarino- pasando por los nibelungos y las leyendas artúricas, con guiños a la literatura de Julio Verne, Edgar Rice Burroughs y J.R.R. Tolkien, sin olvidar al cine de Ray Harryhausen. Hay criaturas extrañas, dinosaurios, naves espaciales submarinas, soldados futuristas, hombres cangrejo y monstruos gigantes, como el Kraken. Por si fuera poco, el film es un paseo incesante por todos los géneros: aventuras -con escenarios internacionales y templos perdidos- ciencia ficción -ese abanico de civilizaciones atlanteanas- catastrofista -el maremoto convocado por los atlantes-, acción -estupendas peleas coreografiadas por Wan siguiendo el estilo impuesto por Zack Snyder– la fantasía heroica –Momoa fue Conan (2011)- el peplum -la lucha de gladiadores en el círculo de fuego- el terror -los monstruos del abismo- y hasta el romance -el episodio en Sicilia-. Todo esto con una mirada cargada de humor que nunca se toma nada, demasiado en serio. No sabría decir si Aquaman es un despropósito o una genialidad, pero esa duda ya la convierte en una película imprescindible.

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