Bon Iver, “i,i” (Jagjaguwar, 2019)

Justin Vernon brilla como hacía tiempo que no lo hacía en su último trabajo.

La historia de Justin Vernon hasta ahora tiene algo de Peter Parker. Como ya se han encargado de recordarnos un buen puñado de cómics, series y franquicias cinematográficas varias, el personaje creado por Stan Lee adquirió todo tipo de poderes a partir de la picadura de una araña. La historia de Vernon sufrió un cambio casi igual de radical, en este caso en una cabaña de Wisconsin a la que se retiró a escapar de las malas vibraciones personales que le asaltaban allá por 2006.

No sabemos si hay arañas capaces de resistir el frío que tenía que hacer en ese largo invierno, por lo que vamos a pensar que fue un castor el que mordió a Vernon convirtiéndole de la noche a la mañana en Bon Iver, el barbudo extremadamente sensible e hipercreativo que sirvió de molde y referente al lado más calmo del hipsterismo musical de la última década. Pero claro, como bien sabe Parker/Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y la carga no terminó de sentarle bien a Vernon. No sin esfuerzo, entregó una segunda obra de Bon Iver (“Bon Iver, 2011) que sirvió para acrecentar su leyenda al tiempo que avisaba de que sus creaciones admitían muchas más complejidades y capas de las que cabían en una cabaña.

A partir de ahí, se torció la cosa y nuestro hombre-castor empezó a rebelarse contra las expectativas del mismo sistema que le había encumbrado. Sus válvulas de escape creativas, nunca bajo su alias más célebre, eran de lo más variopintas y, en ocasiones, desafiantes, como si un reverso maligno se hubiese apropiado de su personalidad (¿su Venom, quizás?). Cuando llegó el momento de volver a dejarse escuchar como Bon Iver, todas esas interferencias y contradicciones se habían apoderado de él, habían agarrado un autotune (un Messina, para ser más exactos) y nos habían entregado “22, A Million (2016), su “Kid A particular y un auténtico divisor de opiniones entre fans.

Así llegamos a este 2019, con un Justin Vernon que parece haber aprendido a divertirse con proyectos como Big Red Machine, junto a Aaron Dessner, donde el afán de crear no se ve limitado por la presión que ambos artistas suelen acumular en sus proyectos principales. La cosa es que, al liberarse de esa carga ante el gran público (Big Red Machineactuaron, por ejemplo, en el pasado Primavera Sound), Vernon parece haber descubierto que la vida no tiene por qué ser tan angustiosa, y que incluso siendo Bon Iver puede permitirse ser él mismo sin necesidad de esconderse o de pretender ser otro tipo de artista. Por eso, “i,i” nos devuelve su voz (casi) limpia, como aprendimos a admirarla; y por eso las melodías vuelven a tener estructuras y ganchos reconocibles, sin por ello renunciar a las apasionantes construcciones instrumentales de las que Vernon es capaz.

Y esa es la gran lección que nos refrenda este disco: si Vernon pierde la aversión a sonar bonito y emocionante, podemos prepararnos para derretirnos, porque no hay muchos que le tosan en ese terreno hoy en día (lo mismo se podría aplicar a Sufjan Stevens). No faltan los experimentos y las fuentes de sonidos no reconocibles por una oreja sin información adicional, pero siempre van acompañados de una melodía reconfortante o de ese falsete irresistible que hacía tiempo que no escuchábamos sin disfraces de por medio.

La secuencia del disco también colabora en la sensación de satisfacción que nos deja, con un pico justo en el tramo central donde entramos en el territorio más convencional (si tal calificativo es posible con Vernon), en ese trío celestial de ‘Hey, Ma’, ‘U (Man Like)’ (con el piano de Bruce Hornsby, celebrado aquí como mentor de Vernon y el coro juvenil de Brooklyn logrando eso tan difícil que es colar voces aniñadas en un disco pop sin que nos chirríe) y ‘Naaem’.

Sé que a algunos les tirará para atrás esto, pero en esas tres canciones uno juraría estar escuchando nuevas grabaciones del Peter Gabriel más inspirado, lo cual para mí personalmente no dejan de ser grandísimas noticias y la prueba de que Vernon pertenece a la misma categoría de artistas que saben llevar la música hacia terrenos inéditos sin perder el gancho con el público. Sólo necesitaba algo de tiempo para sentirse a gusto con sus superpoderes. 

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