Big Thief, sala Joy Eslava, Madrid (19/02/2020)

La banda de Brooklyn desplegó toda su magia en una abarrotada Joy Eslava

Había muchas ganas de ver a Big Thief por primera vez en una sala madrileña. La banda de Brooklyn se ha ganado sobradamente los elogios que han recibido en los últimos meses, y son muchos los que coinciden en que tienen algo especial. Por eso, su concierto en la Joy Eslava, presentaba el cartel de completo desde hacía varias semanas.

Que una banda como Big Thief haga un sold-out en Madrid es toda una alegría, porque nadie puede negar que se lo merecen. Lo que no merecen sus seguidores es un lleno en la Joy Eslava. La sala madrileña cuenta con un aforo de más de 1000 personas, pero no deja de ser una cifra bastante irreal. Su pista, la cual ocupa una buena parte la mesa de sonido, apenas tiene cabida para 300 personas, y si no llegas con bastante tiempo de antelación (servidor llegó 30 minutos antes de que empezara el concierto), tienes que buscarte la vida entre techos bajísimos, sofás que se comen buena parte del espacio, y el ruido de unos ventiladores que apenas te dejan escuchar la faceta más íntima de la banda. Y así no hay quién se meta en un concierto.

Los de Brooklyn, capitaneados por la maravillosa Adrianne Lenker, hicieron todo a la perfección. Siempre dentro de lo que es la perfección en su pequeño mundo caótico. Porque sí, no consiguieron tocar una canción nueva a pesar de que la llegaron a empezar hasta tres veces. Y con ‘Cattails’, hicieron una cosa un tanto extraña, y no llegaron a terminarla. Además de pegarse una charla de más de cinco minutos sobre una tienda bio y unas semillas (imposible escuchar algo más con el ventilador encima de mi oreja). Pero eso forma parte de su propuesta y, de algún modo, de su encanto. Aunque, personalmente, hubiera preferido menos charla y más canciones. Por ejemplo, un bis, que en el resto de la gira sí lo han estado haciendo, y en Madrid se lo saltaron.

Venir a presentar dos de los mejores discos del año pasado y empezar con dos canciones nuevas, es toda una declaración de intenciones. Los de Brooklyn tienen temas conocidos de sobra para contentar a sus seguidores, pero ellos son así, y la verdad es que les funciono. Porque, tanto ‘Two Rivers’, como ‘Time Escaping’, convencieron de buenas a primeras. Y es que, la primera toma de contacto en directo con la voz de Lenker, ya resulta cautivadora de por sí. Ella es el alma del grupo, y la melancolía e intensidad que transmite, hipnotizan. Y claro, si después de la delicada ‘From’, atacan un trío de ases en el que entra el indie-rock juguetón de ‘Shark Smile’, y las desgarradoras ‘Shoulders’ y ‘Not’, ya te tienen ganado para el resto de la noche. Porque, a pesar de parecer un poco caóticos, eligieron un repertorio de lo más coherente. De ahí que, tras la delicadeza de la preciosa ‘Paul’, pasaran a la intensidad de ‘Contact’, en la que fue imposible no estremecerse con el grito desgarrador de Lenker justo antes de entrar la parte más fuerte de la canción. Todo esto, hasta llegar a su charla bio, donde cambio un poco el concierto.

Personalmente, nunca me ha gustado mucho que los grupos hablen demasiado en los conciertos, y más si es para desvariar un poco y comentar cosas que nada tienen que ver con su música y con la canción que van a tocar a continuación. Creo que rompe el ritmo, y eso fue lo que paso anoche en Madrid. Afortunadamente, tardaron poco en recuperarlo, porque, tras una tormenta eléctrica propiciada por Lenker, atacaron su ‘Masterpiece’, el tema que daba título a su debut, y una de esas canciones de indie-rock imperecederas. Y tras ella, siguieron muy alto con ‘Forgotten Eyes’, uno de los estupendos cortes que han hecho de su último trabajo un clásico instantáneo. Y así, después del intento fallido de tocar otra canción nueva, nos plantamos en la parte el final del concierto.

Es cierto que no hicieron bis, y que realmente no llegaron a la hora y cuarto de concierto, pero los dos temas finales compensaron un poco esas dos faltas. Echaron la vista atrás y recuperaron la intensa ‘Real Love’, en la que Lenker volvió a disfrutar de las tormentas guitarreras más eléctricas. Pero quizá, lo más bonito de esta parte final, y de casi toda la noche, fue lo que hicieron con ‘Mary’. Este corte de su segundo disco, que en su versión de estudio es de lo más intimista, cambio por completo en directo. No solo lo adornaron con bastante más instrumentación, también alargaron su parte final, en la que toda la banda cantó su estribillo, aumentando parte de su épica, y haciéndola mucho más emocionante. Quizá, sí es cierto que, tras esto, no hacía falta un bis.

Foto: Jorge T. Gómez