Bezimena, Nina Bunjevac (Reservoir Books, 2019)

Benzimena indienauta

Bravo por las propuestas valientes y estimulantes. Tras El cuidado de los pájaros, Reservoir Books nos trae otro cómic de enjundia sobre un tema de lo más espinoso y, desgraciadamente, de perenne actualidad. Se trata de Bezimena, de la laureada autora canadiense de origen serbio Nina Bunjevac. Una turbadora revisión, visualmente sobrecogedora y nada complaciente, del mito griego de Artemisa y Siproites para hablar de la agresión y, sobre todo, la naturaleza del agresor sexual. Entre la fantasía, la pesadilla y la realidad más cruda. 

Hija de inmigrantes serbios, Nina Bunjevac nació en 1973 en la localidad canadiense de Welland, Ontario. Con sólo dos años, regresó junto a su madre y su hermana a Zemun, entonces Yugoslavia, huyendo de su padre, un fanático nacionalista serbio que moriría poco después en Toronto tras manipular una bomba de fabricación casera.​ Formada en la Academia de Arte Djordje Krstic y, tras regresar a Canadá en 1990 a causa del estallido de la guerra civil, en la Central Technical School, se graduó en dibujo y pintura en 1997, trabajando en ambos campos, además de como profesora, antes de dedicarse a los cómics. El éxito no tardó en llegar, con sus historias apareciendo en The National Post, Le Monde Diplomatique, ArtReview o Best American Comics, u obteniendo el Golden Pen de Belgrado en 2012 por su cubierta de la antología Ženski cinta na Balkanu —Mujeres balcánicas en los cómics—. Ese mismo año, su primera colección de cómics, Heartless, ganó el Doug Wright Spotlight Award, premio que revalidó en 2015 con Patria, celebradísima novela gráfica transformada en bestseller y traducida a doce idiomas. Bunjevac reside en Toronto, donde compagina el cómic con la pintura, la escultura y la docencia en Bellas Artes.

Una formación tan completa, junto a una escalofriante doble experiencia vivida en primera persona pormenorizada a modo de epílogo, son el punto de partida de Bezimena, tercera novela gráfica de Bunjevac, publicada originalmente en 2018. Planteada como una inversión de géneros del mito de Artemisa y Siproites, cambiando al joven cretense convertido en mujer tras intentar violar a la diosa de la caza, por el de una sacerdotisa lastimera a la que la misteriosa Bezimena —que significa «sin nombre»— transforma en Benny, un hombre nacido en algún lugar de Europa durante la primera mitad del siglo XX y presa de su obsesión, malsana y aterradora, con el sexo. 

Y es que en Bezimena Bunjevac nos invita a adentrarnos en un relato de lo más incómodo y espeluznante. Benny es un crío colmado con todas las atenciones y posibilidades por sus pudientes progenitores, pero su pulsión sexual marca su cada vez más aislada y vergonzante existencia, de infante inusualmente precoz a adulto condenado a un sufrimiento mortificante y secreto. Sin embargo, la oportunidad de dar rienda suelta a sus perversiones parece surgir a raíz del reencuentro fortuito con una antigua compañera de clase que abre una sicalíptica «caja de Pandora». Ciclos lunares, «evidentes» tentaciones, elementos rocambolescamente mágicos —un cuaderno de dibujos muy subido de tono que «anticipa» los lascivos acontecimientos que tendrán lugar— que «invitan» a las acciones más escabrosas. Los deseos más salvajes, sorprendentemente cumplidos… aunque hay un peaje, en forma de nocturnos pavores y paralizantes sensaciones de congoja. ¿Qué se oculta realmente tras toda esa lujuria resarcida?

Entre la perplejidad por la espiral de sucesos, cada vez más abyectos y surrealistas que convergen en un desenlace noqueador, y la fascinación por la potencia de las ilustraciones, el lector entra sin remisión en la singular propuesta de Nina Bunjevac: explorar, entre la repulsa, la sospecha y la denuncia, la fina línea que va de la fantasía disociativa, la enajenación mental, a lo abyecto de los crímenes de índole sexual, metiéndose en la confusa mente del perturbado violador. Bezimena es un osado descenso al abismo más insondable, al mal más degenerado y vil, capaz de señalar con descarnada crueldad los «lugares comunes» de la fantasía erótica masculina, sin renunciar a intentar comprender qué hay detrás, o miedo a resultar ambigua —de nuevo, ahí está la nota final de la autora—…      

Extracto de una de las ilustraciones de Benzimena

En ese sentido, las impactantes ilustraciones, de generoso tamaño y presentadas en un áspero blanco y negro merecen un párrafo aparte, ya que no solo van en absoluta consonancia con el trasfondo de Bezimena, sino que elevan esta novela gráfica a cotas inusitadas de pervivencia, de durabilidad, en la cabeza del lector. Dominadas por el puntillismo, el rayado y las sombras impenetrables que acechan y esconden, en su conjunto se asemejan a una profusión de escenas de una extraviada película de erotismo vintage y sexo explícito, en los que la sensualidad es reemplazada por la incredulidad ante la inconcebible sumisión de las féminas del relato —la violencia sexual machista disfrazada de quimera libidinosa— frente al depredador y la chocante combinación con dibujos que podría haber imaginado Luis Buñuel o un pintor simbolista. Los delirios del monstruo. Y sus terribles, reales, consecuencias. 

Arriesgadísima en el fondo y oscuramente subyugadora en la forma, Bezimena no puede dejar a nadie indiferente. Incluso es muy probable, dada su temática o visceralidad visual, que sea imposible de disfrutar en cuanto a sus virtudes estéticas para algunos, o simplemente suponga demasiado para otros. Es un reto y un ejemplo de adónde puede llegar el cómic. Bienvenido sea.