Battles «Juice B Crypts» (Warp 2019)

Cuarto disco de la banda lleno de colaboraciones vocales

Y luego fueron dos. La historia de Battles se está dibujando como una aventura de discos que se hacen esperar (cuatro álbumes en 13 años) y de una formación menguante que casi va adoptando nuevas formas a marchas forzadas para asimilar los abandonos de sus componentes.

Lejos queda ya la marcha del que fuera su primer vocalista, Tyondai Braxton, que les llevó a alejarse ligeramente de la electrónica que impregnaba su debut y, sobre todo, a potenciar su lado instrumental o, en su defecto, a tirar de vocalistas invitados.

Cuando ya les teníamos asimilado como trío, les llega un nuevo reto con la marcha de su guitarrista/bajista, David Konopka. Y sin embargo, Battles se resisten a desintegrarse y demuestran con este cuarto disco que con dos componentes (y un buen puñado de cantantes invitados) son capaces de mantener la esencia de lo que les hizo especiales.

A este ritmo podríamos pensar que lo próximo va a ser un disco de Battles en el que sólo quede sujetando el edificio el batería John Stanier, cuya contundente ametralladora de ritmos imposibles sigue siendo el gran aliciente de la banda (con todos los respetos a Ian Williams, quien, ahora más que nunca, es el gran encargado de sujetar toda la parte melódica y armónica).

Asumiendo que algo de frescura y de filigrana matemática se ha ido quedando por el camino (los polirrítmos siguen apareciendo, pero cada vez más dispersos y menos rebuscados), hay que reconocer que estamos ante un disco de Battles perfectamente reconocible para cualquier fan, y eso ya es más de lo que cabría esperar a estas alturas y teniendo en cuenta las circunstancias. 

El «comisariado» de vocalistas es también una buena declaración de intenciones, desde la excentricidad de Tune-Yards, hasta la ductilidad funkera de Xenia Rubinos, o el flow de Shabazz Palaces, a los que Battles conceden en Izm el groove más hip-hopero de su carrera.

Pero si hay una figura invitada de inclusión tan sorprendente como apropiada, ese es Jon Anderson, legendario cantante de Yes, cuya participación en Sugar Foot revela todo el ADN progresivo que llevan Battles dentro y nos invita a fantasear con un futuro muy fructífero en el que Anderson pasase a ser componente fijo y volviese a convertir a Battles en un trío. Asumiendo que eso es complicado que pase, nos toca celebrar los arrestos del ahora dúo para mantener el proyecto en buen estado de salud.

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