Adam Schlesinger: el genio del pop

Un homenaje a Adam Schlesinger

Hoy nos hemos levantado con la triste noticia de la muerte por Coronavirus de Adam Schlesinger a los 52 años Un palo de lo más duro para todos aquellos que somos amantes del buen pop. El neoyorquino, principal compositor de Ivy y Fountains Of Wayne, además del creador de un buen numero de canciones para cine, televisión y teatro, era uno de esos artistas que anteponía su pasión por el pop ante todo. Gracias a eso, se hizo con una carrera que, si bien es cierto, no le llevó al estrellato, si le hizo convertirse en uno de los grandes compositores de finales de los noventa y principio de los años 2000.

Schlesinger empezó su carrera junto a Dominique Durand y Andy Chase, con los que formo Ivy en 1994. Un trío al que les unió su amor por The Smiths, The House of Love o The Go-Betweens. Algo que demostraron con creces desde el primer momento, con su pop delicado y ensoñador. Estas influencias tan británicas, hicieron que se llevaran las alabanzas de la crítica inglesa con temas como ‘Get Enough‘ o ‘Don’t Belive a Word‘, las cuales formaban parte de su álbum de debut. Pero sí es cierto que, poco a poco, fueron siendo más conocidos en su país, y todo gracias a un par de canciones que aparecieron en la banda sonora de «Algo pasa con Mary«. Aunque también hay que decir que, en esta época, Schlesinger ya había compuesto ‘That Think You Do!‘, el tema de la película dirigida por Tom Hanks, «The Wonders«, y todo un éxito en 1996. Además, ya había formado Fountains Of Wayne, por lo que Ivy se convirtió en su proyecto paralelo.

Al igual que otra mucha otra gente, el primer contacto que un servidor tuvo con la música de Adam Schlesinger, fue ‘Radiation Vibe‘. Aquel tema, que apareció como un rayo en nuestras vidas en 1996, ya nos dejó ver a todo un genio a la hora de fusionar guitarras distorsionadas y melodías puramente pop. Porque, además, en aquellos años, nos empapábamos de todo aquello que contara con una buena capa de ruido. Y si ya venia acompañando de un buen estribillo, mejor que mejor. Pues todo eso es lo que encontrábamos en el álbum de debut de Fountains Of Wayne, una tremenda colección de canciones en las que las guitarras rugían, pero en las que también dejaban ver su pasión por la new-wave, y especialmente por The Cars. Ahí está esa joya llamada ‘I’ve Got a Flair‘, en la que metían un órgano absolutamente delicioso. O ‘Please Don’t Rock Me Tonight‘, que contaba con un teclado absolutamente ochentero.

Tras un par de grandes años, llenos de buenas críticas por su debut, y con una nominación al Oscar y al Globo de Oro por la canción de «The Wonders«, Schlesinger recluta de nuevo a Fountains Of Wayne y graban «Utopia Parkway«, su segundo trabajo. Y, por desgracia, el que podría decirse que es su disco más fallido. Porque, a pesar de contar con algunos buenos temas, como ‘Denise‘ o ‘Lost In Space‘, se dejaron de lado parte de la frescura que impregnaba su primer álbum, y se metieron de lleno en un sonido más estándar, con el que suponemos que intentaban mostrar un poco más de madurez.

Tras este pequeño fracaso, el cual les llevó a unos cuantos problemas con su sello, Fountains Of Wayne se tomaron un descanso de cuatro años. Pero no Adam Schlesinger, que aprovecho este tiempo para seguir componiendo canciones para bandas sonoras de películas, o para producir los discos de otros. Aunque lo más importante de esta época es que rescato a Ivy. En 2001 salía a la venta «Long Distance«, el tercer trabajo del trío, y el que más éxito cosechó. Pero, no contentos con eso, tan solo un año después, editaron «Guestroom«, un estupendo disco de versiones en el que llevaban a su terreno temas de The Cure, The Ronettes, o The House of Love. De hecho, los dos, recibieron muy buenas críticas, y dieron un empujón a Schlesinger para ponerse a componer las nuevas canciones de Fountains Of Wayne.

Era de esperar que el mayor éxito de Fountains Of Wayne llegara con una canción que pretendía ser un homenaje a The Cars. La adoración de Schlesinger por la banda de Ric Ocasek le llevó a componer ‘Stacy’s Mom‘, todo un himno pop que se convirtió en una de las grandes canciones de 2003, y que, a día de hoy, lleva casi 200 millones de reproducciones en Spotify. Con ella se llevaron nominaciones a los Grammy, e hizo que «Welcome Interstate Managers«, su tercer trabajo, se convertirá en todo un éxito. Pero, para ser sinceros, no todo fue por esa canción, porque aquí volvían con las energías renovadas, y lograron dar con otra gran colección de temas. De hecho, contiene cortes como ‘Mexican Wine‘ o ‘Hey Julie‘, que para mi gusto son superiores.

Con un hit en su haber, lo lógico es que hubieran aprovechado el momento, pero Fountains Of Wayne iban bastante a su bola. En parte, porque Adam Schlesinger seguía componiendo canciones para Ivy (en 2005 sacaron un nuevo trabajo), y trabajando en su faceta de productor. Y, con todo, dos años después, editaron «Out-Of-State Plates«, una recopilación de caras-b, donde había dos temas nuevos. Uno de ellos el enérgico ‘Maureen‘, en el que volvían a su faceta más puramente power-pop. Pero, cuando ya parecía que no íbamos a saber nada de ellos en mucho tiempo, volvieron en 2007 con un excelente trabajo. «Traffic and Weather» nos mostraba a unos Fountains Of Wayne adaptando su sonido a la época, y dejándonos canciones llenas de coquetos sintetizadores, y dulces melodías pop. Es el caso de ‘Someone To Love‘, la canción que lo abría, y el que fue su último éxito.

Una vez más, tuvieron que pasar cuatro años para encontrarnos con un nuevo disco de Fountains Of Wayne. Por desgracia, «Sky Full of Holes«, ya se ha convertido en el último trabajo de la banda. Y es una pena que no hicieran nada más en estos últimos años, porque era un disco que nos presentaba a la banda neoyorquina de una forma diferente. De nuevo, renovaron su sonido, se olvidaron bastante de la distorsión, y nos entregaron un bonito álbum con unas cuantas buenas canciones. Ahí estaban ‘Richie and Ruben‘, ‘Someone’s Gonna Break Your Heart‘, o esa maravilla llena de trompetas llamada ‘Radio Bar‘. Además, los trajo por última vez a España, donde pudimos ver un gran concierto suyo en el Matadero de Madrid. Hasta siempre, Adam.