Abominable

Hay un Yeti en mi azotea

Con algunos elementos de King Kong (1933) -sobre todo por la naturaleza simiesca del personaje principal- pero sobre todo, deudora de E.T., el extraterrestre (1982), Abominable es una película de animación en absoluto memorable.

La protagonista del relato, Yi (Chloe Bennet), es una joven que deberá ayudar a Everest a regresar a la cumbre del mismo nombre, cuya imagen reemplaza el planeta natal del famoso alienígena como mcguffin reconocible. Esto es lo que da pie a una aventura tan trepidante como poco inspirada.

Coproducción china con Dreamworks, con el reclamo de ser “de los creadores de Cómo entrenar a tu dragón” -este yeti podría ser un primo peludo de Desdentao- Abominable carece de la calidad de la animación de aquella: texturas planas, fotografía funcional y secuencias menos espectaculares de lo esperado. Eso sí, muchos sentimientos: una protagonista que toca el violín y echa de menos a su padre -como el Elliot de Spielberg- un monstruo que es todo bondad -con poderes mágicos similares a los del mencionado extraterrestre- un leve mensaje ecologista y una canción de Coldplay, son los supuestos atractivos de esta cinta.

Sin mayor ambición que la de entretener -o de hacer que los padres pasemos por taquilla- debo decir que, de las tres recientes producciones infantiles sobre el criptozoológico eslabón perdido, esta Abominable es mucho menos interesante que la sorprendente Smallfoot (2018) y la artesanal Mr. Link (2019), ambas superiores en cuanto a la técnica de la imaginación, pero también temáticamente, con un discurso progresista sobre la diferencia y sobre romper con las tradiciones retrógradas, y encima con más corazón.